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Juicio narco: “No había costumbre de reportar las operaciones” dijeron los escribanos

Juicio narco: “No había costumbre de reportar las operaciones” dijeron los escribanos

El escribano Mariano Coll Mónico, que escrituró dos operaciones de compraventa de fincas de propiedad del capo narco Delfín Castedo, reconoció que no preguntó por el origen de los fondos.

Por Elena Corvalan

El escribano Mariano Coll Mónico, que escrituró las operaciones de compraventa de la extensa finca El Aybal, reconoció que no informó de estos movimientos a las autoridades, y que tampoco consultó el origen de los fondos, a pesar de que uno de los compradores tenía solo 22 o 23 años. Por aquel tiempo “no había costumbre de reportar las operaciones”, aseguró.

Tres escribanes declararon ayer en el juicio oral que en el Tribunal Oral en lo Federal N° 1 de Salta se sigue contra siete personas acusadas de integrar una organización dedicada al contrabando de estupefacientes y al lavado de activos en la zona de frontera con Bolivia.

Coll Mónico fue el testigo central. Dijo que las operaciones de compraventa de inmuebles en la zona de frontera se las acercó su concuñado, Eduardo “Pinto” Torino, que está siendo juzgado como parte la organización narcocriminal. El sindicado jefe de esta banda, Delfín Reynaldo Castedo, también juzgado en este proceso, es el dueño de las fincas El Aybal y El Pajeal, que ahora están embargadas.

Coll Mónico escrituró en 2003 la compra de la finca El Aybal por parte de Mario Alberto Yudi, que también está siendo juzgado, junto con su padre y un tío. Entonces el joven, que tenía 22 o 23 años de edad, pagó 600 mil dólares por la finca. En 2005 la vendió a Castedo, por 1.300.000 pesos, que obtuvo de la venta de otra finca de su propiedad, Las Maravillas, por la que recibió 600 mil dólares. Luego, en 2006 Castedo vendió El Aybal por $1.800.000 a Torino, que la compró en representación de la firma off shore Anzere SA.

Sobre estas operaciones hablaron dos de les escribanes que declararon ayer, Coll Mónico y Claudia Noemí Lo, que fue adscripta al registro del primero. La Fiscalía y la querella de la Unidad de Investigación Financiera (UIF), representada por la abogada María Emilia Figueroa, indagaron sobre las razones por las que les escribanes no reportaron estas operaciones como sospechosas.

Coll Mónico dijo que conoció a Yudi en 2003, “con motivo” de la compra de El Aybal. “A Castedo lo conocí un par de años después cuando él compró ese mismo campo y después vendió a los pocos días un campo a Miguel Ragone en la zona de finca La Maravilla”, también en la frontera, contó.

El fiscal Jorge Viltes Monier lo interrogó sobre las disposiciones que estaban vigentes en 2004, 2005 y 2006 para la compraventa de inmuebles en zona de frontera. El escribano, que se describió como un desmemoriado para los números, no le atinó. La resolución 1751/95, del Ministerio de Defensa de la Nación, sobre seguridad de las fronteras, respondió el fiscal.

¿Recuerda el procedimiento para la compraventa de inmuebles en la frontera en 2003, 2004, 2005 y 2006?, insistió el fiscal: “Sí, es el mismo procedimiento que actualmente nos rige”, respondió el testigo. Añadió que la ley fomenta la adquisición de inmuebles en la frontera por parte de ciudadanes argentines y basta con una declaración jurada “donde ellos declaran que no son parte de delitos típicos de frontera como narcotráfico, trata de blancas”, dijo. En cambio, para las personas extranjeras, se debe tramitar una autorización por la vía de la excepción.

Todo muy normal

El escribano detalló su actuación en las operaciones sobre la finca El Aybal. En diciembre de 2003 hizo una escritura de la compra de Mario Alberto Yudi a la firma Tuar SA, por 600 mil dólares. Y a finales de 2005 intervino cuando Yudi “le vende a Delfín Castedo el mismo campo”, por 1.300.000 pesos. El capo narco pagó solo una pequeña parte en ese momento, unos 10 mil pesos, “una seña”, y completó el monto en diciembre de ese año, tras la venta de la finca La Maravilla a Ragone.

Coll Mónico relató que su concuñado le presentó a Yudi. “Siempre se dedicó a las operaciones rurales”, explicó sobre Torino y se explayó hablando de su pariente: “Nunca tuve la más mínima sospecha porque siempre lo conocí como una persona intachable”. “Jamás sospeché que Eduardo Torino pueda andar por caminos torcidos porque siempre lo conocí como un hombre de bien”. “No me cabe en la cabeza” que se lo involucre en narcotráfico, aseguró.

Y a continuación produjo un momento, una imagen indeleble: cuando se hizo la escritura Yudi estuvo acompañado por Torino y tenían el efectivo ahí, 600 mil dólares, en “un bolso grande”.

El fiscal quiso saber si recordaba la edad de Mario Yudi, y si no le había llamado la atención que siendo tan joven manejara semejante caudal de dinero. El escribano no recordó la edad, “22 años” se las arregló para resaltar el fiscal. El escribano insistió, la vivió como “una operación normal”, hizo todo lo habitual, “no me pareció anormal para nada”.

“¿No le pareció sospechoso?”, se asombró el fiscal. “No, en realidad me habían contado que los Yudi tenían grandes almacenes en el norte y tenían un giro muy grande”, además como escribano “no controlaba de donde salía la plata, lo que sí sé que tenía grandes almacenes”, insistió el testigo.

Costumbres

“En aquel momento no se hacían los reportes” a los organismos de control agregó Coll Mónico, dijo que la obligación de reportar a la UIF las operaciones de grandes sumas se estableció más adelante y encima no se puso realmente en práctica porque muchos escribanos presentaron amparos contra esa decisión aduciendo que violaba el secreto de las operaciones, total que “No había costumbre de reportar las operaciones” y de todos modos “de alguna u otra manera estaba la escritura en manos del Estado”.

El escribano llegó a decir que por entonces “nadie cumplía” la resolución 10/2004, sobre operaciones sospechosas y la obligación de informarlas de les escribanes.

Coll Mónico intervino en la segunda operación también por Torino. “En ese caso yo no sospeché absolutamente nada de la procedencia del dinero porque estaba ya para escriturarse la venta de La Maravilla”, se anticipó.

Coll Mónico puso énfasis en este tramo de su testimonio en que hasta ese momento no conocía a Delfín Castedo. “Para nada sabía yo que tenía antecedentes”, si lo hubiera sabido “seguramente me hubiese abstenido de hacer esa operación”, dijo.

Viltes Monier hizo notar que con antecedentes por narcotráfico no se puede comprar tierras en la frontera. “Eso no sabemos nosotros los escribanos, por eso se firma la declaración jurada”, respondió Coll Mónico, aunque enseguida concedió: “Usted tiene razón”, el sistema debiera ser distinto.

El escribano recordó que Castedo le dijo que iba a hacer otra operación con El Aybal, pero él no la escrituró porque estaba de por medio su pariente, Eduardo Torino, que actuaba como gestor de negocios por la firma Anzere SA comprando El Aybal. La escritura la hizo la escribana Claudia Noemí Lo, que ayer también declaró y dijo que lo hizo a pedido de Coll Mónico, en cuyo registro fue adscripta. “Yo no era escribana de las partes. Yo autoricé la escritura en razón del parentesco que tienen ellos”, sostuvo.

“¿Quién redactó la escritura?”, inquirió el fiscal. “Yo la revisé”, eludió la testigo. Dijo que en ese momento se hizo el pago; no recordó si Coll Mónico estaba ahí y reconoció que Torino no informó el origen de los fondos. “En ese momento no existían tantas normativas”, se justificó, aunque el fiscal hizo notar que ya estaba vigente la resolución 10/2004, que obliga a les escribanos a informar sobre operaciones sospechosas. “Debo haber informado” la operación a la UIF, “cumplo con las reglamentaciones”, aclaró entonces la escribana.

“¿No le pareció ínfimo el monto (pagado por la propiedad)?”, preguntó el fiscal. La escribana dijo que en ese momento trabajaba poco, que no sabía, que a veces les mienten “para disminuir gastos, honorarios y todo lo demás”.

Sin preguntas sobre el origen

La abogada de la UIF completó la irritación de Coll Mónico. “¿Preguntó sobre el origen de los fondos?”, empezó respecto de la compra de Yudi, de 2003. El escribano dijo que no. “¿Preguntó si eran lícitos?”. No. “¿Debía preguntar?”. “En aquel tiempo no hacíamos esa información. Estaba la ley reglamentada pero no regía en toda la provincia porque había amparos”, volvió el escribano.

Sobre la excusación para escriturar la compraventa de El Aybal de Torino en representación de Anzere, la querellante hizo notar que el 18 de diciembre de 2007 Coll Mónico hizo cuatro escrituras de compraventa en las que participó su concuñado. Y a continuación, ya con el escribano irritado, se produjo un diálogo llamativo:

-¿En las escrituras se debe poner el valor real de los inmuebles? -preguntó Figueroa.

-Así dicen -gruñó el testigo.

-¿Cómo así dicen?

-Así dicen las normas

-¿Las cumple? – retrucó la abogada. Coll Mónico reaccionó airado.

Fuente: Salta 12


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