“…Y un día llegó  Fidel” | Salta Entre Líneas
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“…Y un día llegó  Fidel”

“…Y un día llegó  Fidel”

Daniel Tor

Por Daniel Tort

 

 

Cuando usted tiene la posibilidad de compartir en familia, con amigos o en una reunión con conocidos imágenes, secuencias, visitas, impresiones y contactos en la isla de Cuba,  en la mayoría de los casos  va a recibir de los terceros con los que está interactuando comentarios desfavorables sobre la situación de esa isla pequeña, aunque la mayor de las Antillas, pero pequeña en comparación con nuestro país. Y todos le van a poner de resalto el escaso nivel material del grueso de la población, le van aponer de resalto las desigualdades  que supuestamente se aprecian en esa isla, la falta de un sistema democrático, la imposibilidad de ejercer la prensa libremente como lo hacemos nosotros, la prolongación durante más de medio siglo de un sistema de dictadura de partido de estado único sin elecciones libres…. Todos le van a poner de resalto: “pobre gente que no tiene jabón, pobre gente que no tiene shampoo, pobre gente que no puede salir de la isla”  y algunos otros mitos más.  Mitos generados a partir de 1990,  cuando el turismo caribeño se popularizó merced a las reformas que, por la caída de la cortina de Hierro y el quite del escudo económico desde parte del bloque soviético,  se le dispensaba a Cuba, cuando hubo que hacer reformas y atraer inversiones capitalistas y extranjeras. Y así  ingresaron a la isla de Cuba cantidades ingentes de capitales español, francés y canadienses, nunca norteamericano,  que se guiaba por otras pautas.

Así comenzó la oleada migratoria turística, fundamentalmente de América Latina y de Europa,  hacia las paradisíacas playas de Cuba, esas playas y palmerales de ensueño por los que camina si usted va en un viaje turístico.

Cuando usted va en un paquete turístico recala, inevitablemente,  en el aeropuerto internacional Martí, de La Habana,  y ahí puede estar un día, a lo sumo dos. De allí lo llevan en un paquete programado, en los famosos transfers,  y usted termina recalando en Cayo Coco, en Baradero, o en alguno de esos lugares bellísimos con la moda de lo que se conoce como all  inclusive ¡Cómo no va a estar todo incluido si ya lo pagó! Entonces,  se queda en esos lugares desperdiciando su tiempo y evitando conocer verdaderamente la isla de Cuba,  porque queda dentro de una zona restringida de hoteles. Así se pasó 10 días mirando los toples de las españolas o de las francesas y tomando mojito, pero cuando usted vuelve sólo conoció el hotel y sólo conoció una playa.

Si usted tiene la posibilidad de salir de ese circuito turístico: maneja la moneda local, vive en un barrio común  y  comparte la comida, la mesa y los desayunos comunes con una familia y estudia o trabaja  en ese lugar puede llegar a descubrir la otra Cuba. No la Cuba turística del mega turismo capitalista y trasnacional, sino la Cuba verdadera, la Cuba social que a algunos nos ha despertado tanto interés.

Cuando usted interactúa con esa gente que vive, estudia o trabaja,  muchos de los cuales nacieron con la Revolución,  se va a dar cuenta que son opinadores y críticos, es gente de clima cálido, muy verborrágicos, muy expresivos, absolutamente críticos del régimen político como lo somos cualquiera de nosotros. Pero apenas usted profundiza un poco, después de hacer todas las críticas le dicen: “esta casa me la dio la Revolución”;  “tengo mis hijas que son médicas y ahora están prestando servicio en El Congo o en Sudáfrica,  que pudieron estudiar por la Revolución”; “tengo un auto ruso parado en la puerta,  algo que nunca hubiera podido tener si no hubiera sido por la Revolución”; “tenemos un índice de desnutrición infantil,  más bajo que el de los Estados Unidos,  y no lo podríamos haber tenido si no fuese por la Revolución”. Eso usted lo comprueba conversando en todos los sectores de la sociedad. Todos son sumamente críticos, pero todos tienen bien en claro lo que la Revolución les dio.

Y por eso,  la imbécil opinión que aquel que sin conocer afirma que Fidel Castro pudo mantenerse o ahora su hermano durante 53 años porque hay un régimen de horror y de opresión, usted se da cuenta que no sabe de lo que está hablando,  porque con todas las críticas y el espíritu crítico que ellos tienen, en el fondo,  la gente valora lo que la Revolución les dio y lo que las dictaduras de Fulgencio Batista y compañía que oficiaban de títeres de los dueños de los casinos norteamericanos en Cuba no le daban.

Y ahí está la diferencia para conceptualizar el régimen.