Un frente de ciudadanos sin calzones | Salta Entre Líneas
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Un frente de ciudadanos sin calzones

Un frente de ciudadanos sin calzones

Por Pablo Daniel Argañaras

Con cada hebra tirada podemos mapear todo el tejido .Si tiramos y se desteje entonces seguimos la trama. Suele ser posible, pero no estamos acostumbrados a los detalles reveladores, por estúpidos, por eruditos o por ser solo detalles.

CFK instó a formar un Frente Ciudadano que recoja todo lo que sea consecuente con la continuidad ideológica y ética de su proyecto y que se desgaje de él cualquier forma de peronismo borocotizado. Pero hizo una aclaración no menor, descargó de ciertos sentidos el termino ciudadano. El ciudadano de los usos discursivos contemporáneos es una categoría más bien excluyente. Escuchamos ONGs bien-pensantes que se proponen “construir” ciudadanía. Bonito, pero no se supone que el ciudadano moderno emerge históricamente como un individuo libre, consciente y por ello autodeterminado .Entonces ¿Por qué construirlo? ¿Que no se autodetermina? ¿Construir un individuo desde lo institucional no es medio facho? ¿No somos nosotros, los chicos bonitos de las ONGs todo lo contrario de lo facho?

Si señor lector de Salta Entre Líneas , usted lo adivinó : El termino Ciudadanía es , en este sentido, una palabra que se usa para seducir financistas extranjeros a los fines de que pongan $$$ en ONGs medio fachas , pero con retoricas “participativas , democráticas y republicanas ” . Claro que para participar uno tiene que ser un ciudadano previamente construido e instruido por la ONG. Para eso le dan el $$$!!!!

Entonces sabedora de los discursos de los bienhechores perversos y de los cultos curros urbanos, CFK ligó el termino ciudadano a la Revolución Francesa. Gran detalle revelador, linda hebra para tirar. Comencemos

UN POCO DE HISTORIA REMOTA

Detalles eruditos y/o estúpidos, ahí vamos. Cuando las tropas imperiales romanas invaden las islas Británicas en el 43 dc se encuentran con las tribus Celtas, los romanos (que como no eran ni eruditos, ni estúpidos… tenían sentido del humor), entonces se mofaron de los pantalones largos de estos. Recuerde usted que el uniforme militar de los romanos incluía siempre una túnica corta como la que hoy usan los strippers contemporáneos. Pasó que los engreídos imperiales no habían sentido aun el rigor de las bajas temperaturas de esa isla rocosa, ventosa y torpemente aislada, que comenzó siendo objeto de su burla pero que terminaría 18 siglos después haciendo que uno de cuatro habitantes del planeta sean súbditos imperiales de una tal Reina Victoria. Moraleja: Nunca subestimes a la gente rocosa, ventosa y torpemente aislada.

La cuestión es que las tropas imperiales de las isla adoptaron estos “pantalones” (digámosle así , pero ese nombre recién lo tendrán 1800 años después , porque al no ser canon de vestimenta como lo eran las túnicas cortas , no tenían nombre .Se definían por aquello de lo que carecían y como carecían del canon mismo ,llegan al umbral de la historia visible con un nombre puramente negativo: Sans-culottes , sin-calzones ) .

Las humillaciones , como las bastardías no se borran de la historia de las dignidades, a lo sumo se transforman. El bastardo busca un nombre, los humillados suelen enojarse y matar. Los romanos continentales se burlaban de sus colegas isleños por asumir modas bárbaras y la humillación nunca se borraría sino que se transformará , y así va a perdurar transformándose , hasta llegada la baja edad media como signo de la división entre nobles opulentos , que usaban calzones cortos y campesinos pobres apenas sobrevivientes , que como un estigma de su labor en las hoscas condiciones del exterior ,usaban los no-calzones. Si tiramos de esta hebra desandamos tela hasta llegar a la división occidental del trabajo. Esa que afirma que quien labora con sus manos, con su cuerpo, en lo práctico y concreto pero indispensable es un humillado, un bastardo sin filiaciones digna. Mientras que aquel, abocado a la contemplación y producción de lo ideal tiene la superioridad cultural, económica, política y social. Por lo menos hasta que los humillados decidan matarlo.

Se dice que el sujeto de la revolución francesa de 1789 es el sans-cullote, que es este el ciudadano moderno que emerge como un individuo libre, consciente y autodeterminado. Pero no es así. La Reina le había dado la espalda a los campesinos de piernas cubiertas cuando azoló la hambruna: “Si no hay pan, buenas son las tortas “les mandó a decir desde la frivolidad rococó de su palacio y el enojo de los hambreados solo sirvió de motor para que otros hombres de cullotte – La alta y la mediana burguesía- pudieran lograr la redistribución de derechos políticos mediante esa revolución, mediante ese enojo. Ellos solo querían eso. Básicamente participar de las decisiones del Estado y lo lograron, entre otras acciones, a fuerza de guillotinar nobles, cleros, sospechosos de contrarrevolución y monarcas. Ahora, cuando los hambreados le preguntaron “¿Y para cuando distribuimos la riqueza?” Volvieron a escuchar “Si no hay pan, buenas son las tortas” .Y le agregaron “…o las guillotinas”.

Los humillados siguieron siendo humillados, pero los revolucionarios triunfantes comenzaron a vestirse como ellos. Los cullotes usados con medias blancas y zapatos con hebillas, cánones de vestimenta del antiguo régimen, dejaron lugar a la moda sans-cullote. Y la piernas de la los burgueses cultos de las ciudades de pronto se cubrieron de tela hasta los tobillos. Sin embargo, no eran campesinos, tampoco los representaban y es más, les temían.

UN POCO DE HISTORIA RECIENTE

En esta comarca del siglo XXI en donde el sindicalismo (en estas horas más que en otras) se convirtió en una parodia perversa. Donde la república – nacida revolucionaria, laica y popular hacia 1789 – es invocada medieval, mística y convertida en cepo para la democracia de masas. Donde el ciudadano se vuelve un curro del tercer sector en este tercer mundo para que puedan evadir impuestos los del primero. Donde el merchandising del Che Guevara es portado por tibios reformistas, por conservadores (con que y sin que conservar) así como por pelotudos sin especificaciones mayores y ninguno de ellos es, ni por asomo, un revolucionario foquista. Y hasta donde las historias de pantalones se han tergiversado en el mismo sentido histórico que en la Europa Iluminada (El pantalón corto como signo de minoridad y su tránsito al largo como un rito eufórico, “¿Quien lleva los pantalones? ” etc…) Pantalones largos llevados como signo de la hidalguía mediocre en un feudo violento de barrio tranquilo. Nunca pobre, nunca hambreado, nunca campesino, siempre feudal, aun en el barrio, aun en una ciudad.

Cuando se usan los signos de lo popular como credenciales y medallas de batallas libradas en nombre de un Pueblo demasiado adornado y en un pasado mítico que sospechosamente ya no está y vemos como esos héroes y referentes locales se vuelven a la idea de ser la Europa Latinoamericana, un faro iluminista de Liberté, égalité, fraternité, de repúblicas con pantalones largos .Entonces vemos como el legado francés se vuelve un acto de tilinguería perversa y de doble discurso. Y mucho peor que la de El Emperador Napoleón, meta conquistar Europa por los ideales de una república de pantalones largos (fíjese que distinto suena el término “pantalones largos” aquí y ahora que allá y entonces. Aquí suena a hidalguía mediocre nomas) Porque Napoleón era un megalómano, que la mano invisible de la historia (que no es otra que la mano de la casualidad sacralizada por los vencedores y por la mayoría de los vencidos), supo usar para escribirse y nosotros éramos y somos unos cholulos imitando como monos enjaulados.

Monos enjaulados, monos liberados, Aluvión Zoológico. Fíjese lector a donde iríamos si no tuviéramos que ir redondeando.

CFK instó a formar a un frente ciudadano y se remitió al ciudadano francés hambreado y humillado y no a quien tomó sus ropas como un símbolo vacio. No es menor la referencia si sabemos que hay un peronismo que suele tomar ropas, medallas y fotos con inundados también como símbolos vacíos. La línea es más delgada si la corremos de las superestructuras dirigenciales y la ponemos al ras de la sociedad. ¿Que es la clase media -ese hecho maldito de las fantasías revolucionarias de la izquierda- sino una suerte de afrancesado que reconoce como un mito revolucionario e individual su origen popular y como EL LOGRO MÍTICO el haber salido de esa condición? Escúchelo, ahí está diciendo: “Yo que me levantaba a las cinco de la mañana a ayudar a mi padre analfabeto a ordeñar las vacas, ahora soy un quinielero exitoso” Sin tanto glamour iluminista, ni tanto Diderot leído como catecismo también usa medallas que representan -paradójicamente- a aquello a lo que teme.

Con cada hebra tirada podemos mapear todo el tejido, si tiramos y se desteje entonces. Sepan disculpar los detalles por estúpidos, por detalles. Nos vemos la semana que viene.