Tu nuevo novio tiene SIDA | Salta Entre Líneas
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Tu nuevo novio tiene SIDA

Tu nuevo novio tiene SIDA

por Marcelo Butierrez

Llega un momento en el que tener VIH llega a convertirse en tu proyecto de vida. Te despertas y desayunas VIH, almorzas con VIH, cenas con VIH, llevas al VIH a tu trabajo (medio a escondidas) y salís a bailar con el VIH, bien abrigado obvio, porque le tenés miedo a todo. No entiendo cómo o porqué, pero terminas cargando al virus como a un hijo, por cada lugar de tu casa y en todo momento de tu vida. Y podés vivir así o no, pero cuesta darte cuenta.

Si tu pareja también tiene VIH entonces ese hijo es de ambos, lo comparten. Lo llevan juntos de paseo, lo crían. Hasta lo ven crecer. Imaginan el día en que este hijo los deje. Hasta flashas que hay un gen tuyo en el otro y viceversa. Es un pacto de sangre, que no te animarías a romper porque pensás :”¿quién más me va a dar bola si tengo ESTO?”.

A veces hasta lloras con él. Le contás lo que te pasa. Le contás que te queres separar pero que tenes miedo, que no sabes cómo vas a criarlo solo. Optas muchas veces por seguir una relación de mierda, sólo para no dejar a tu “bichito” sin padre o madre. A veces, hasta te sentís culpable y pensas que encima que lo embichaste ahora no podes dejarlo así… A veces esa culpa no te deja dormir. O si el que te embicho fue el otro, entonces pensas que no va a ser tan hijo de puta de seguir lastimándote, que con todo lo que te hizo ya fue suficiente, que no va a seguir cagándose en vos… Y terminas dejando que el VIH te consuma la vida desde un lugar privilegiado, desde dentro de tu corazón.

O tomás valor y cortas con todo y ya. Aprendes a vivir con el VIH y no a pesar de ÉL. Obvio que es difícil, que en tu cabeza el bichito sigue instalado carcomiéndote con culpa y con temor. Pero un día te levantas y salís a caminar bajo la lluvia y ya fue. Porque hay que hacer la vida así, mojándose, ensuciándose, pasando frio, volviendo de bailar a la madrugada con la camisa medio desprendida y qué! Te tomas una cerveza de más, total, no todos los días vas a salir y conocer un chaboncito que te vuele la cabeza así. Y te lo llevas a la cama, si, a la cama, sin miedo de nada, total mientras uses un forro ya era. Y gozas, loco, gozas. Porque la vida no se hizo para ser un esclavo de tu enfermedad, sino para que aprendas a enfrentar desafíos y traspasar los límites que te impuso el miedo.

Y algún día mientras tomas un café con este nuevo pibe que la vida te puso enfrente, hablas del VIH, tanteas la reacción, evalúas si conviene decírselo o esperar, capaz hasta te sorprenda saber que el que esta frente tuyo no le da bola a eso. Tal vez te corte el rostro, también, en ese caso lo mejor que te paso fue perderlo. Tal vez al chabón algún otro boludo ya le haya ido con el cuento, y sin embrago el te elija igual. Porque lo sabemos, ese rumor no corre… vuela.

Algo así me paso con mi novio, que sin ni siquiera vivir en esta ciudad termino enterándose de boca de un imbécil que su nuevo novio tenía SIDA. Mientras tanto yo aquí pensaba en cómo decírselo, cuándo decírselo y qué decir. Mis amigos me aconsejaban mentir, mi corazón no me dejaba. No porque me importe el “bicho”, sino porque ocultarlo me iba a obligar a tenerlo presente todo el tiempo.

Después me dí cuenta que el chaboncito lo tenía super resuelto. Lo que importaba era el amor y todo lo demás era historia. Ese día, les juro, me sentí curado.

 

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