Tres veces más fuertes | Salta Entre Líneas
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Tres veces más fuertes

Tres veces más fuertes

Por Marce Butierrez

Es difícil para mí escribir este artículo desde otro lugar que no sea la indignación. Anoche no pude dormir pensando con que palabras diría lo que siento, sin extralimitarme y mandar todo a la mierda. He sentido por momentos asco de ser salteño, he sentido rabia de vivir en una provincia en la que hay que explicar cosas que me parecen obvias, he sentido temor de ser levantado en seco por la calle y cagado a palos. Me he sentido trans.

Como es de público conocimiento en las últimas semanas los operativos del GOPAR se han vuelto cada vez más intensos en  la denominada “zona roja” de nuestra ciudad capital. Hay una determinación política, impregnada de presión de ciertos sectores conservadores de la sociedad, de erradicar el trabajo sexual de las calles del micro y macro centro. Alegando a la moral, las buenas costumbres y el orden público, con las que los milicos justificaron la desaparición de 30.000 personas, la policía de la Provincia de Salta mete palos y balazos de goma a las trabajadoras sexuales.

Más allá del debate sobre la legitimidad del trabajo sexual, creo que nadie puede desconocer su existencia. Lo que convendría antes de tomar una posición es saber porqué existe tal práctica.

Hay trabajo sexual en primer lugar porque hay condiciones de exclusión. Hay mujeres que no tienen más opciones que hacer la calle. Hay trabajo sexual porque hay demanda. Hay trabajo sexual porque hay quienes explotan. Hay trabajo sexual porque hay quienes eligen trabajar en ello.

Para las compañeras trans, que es de quienes pretendo hablar en este artículo, hacer la calle significa muchas cosas: por una parte es un proceso de sociabilización: es en la calle donde se reúnen con otras mujeres trans y aprenden de sus compañeras el oficio, pero además aprenden cómo vestirse y maquillarse, dónde conseguir los medios para adecuar su imagen a su identidad autopercibida, cómo conquistar y cómo defenderse. La calle es propiamente una escuela para la mujer trans que no tiene posibilidad de ir a una escuela de verdad sin ser rechazada. La calle las reivindica como mujeres, son miradas y deseadas como mujeres.

Además el trabajo sexual es para las mujeres trans la primera opción de ingreso al mercado laboral. Son esos clientes los que les pagaran más dinero del que jamás hayan pensado tener, con eso pagaran sus primeros implantes, sus hormonas, la ropa que siempre desearon, los mejores zapatos y carteras. Lo que esa escuela -la de la calle- no les enseña es que el precio será muy caro. Con el paso de los años su salud tanto física como psicológica se vera gravemente afectada, sin contar con que cada vez que puedan los policías las cagaran a palos.

Pesan sobre las mujeres trans un doble estigma. Son “travestis” y son “putas”. Sus cuerpos son un terreno en pugna. “Nuestra sociedad  esta  organizada sobre  conceptos  dicotómicos:  se  es hombre,  si no  se es  mujer  y, por ende, se  es  mujer, sino  se  es  hombre. Todo esto basado en una corporalidad y una biología, que se presenta como única dueña de la verdad.

Y aquí es donde Marcelo Lami, jefe de la Policía de Salta, y tantos otros patinan. ¿Cómo clasificamos a las mujeres trans? La respuesta esta escrita en una ley y es esa la que debe ser considerada para cada procedimiento del estado.

La ley 26.743 establece en su articulo primero que toda persona tiene derecho a: a) el reconocimiento de su identidad de género b) al libre desarrollo de su persona de acuerdo a su identidad de género y c) a ser tratada de acuerdo a su identidad de género, y en particular, a ser identificada de ese modo en los documentos que acreditan su identidad.

Y para zanjar las aguas en su artículo segundo establece que se entiende por identidad de género “la vivencia interna e individual del género, tal como cada uno la siente, la cual puede o no coincidir con la asignada al momento del nacimiento. Y punto.

Es por eso que es necesario alzar la voz contra las ignominiosas declaraciones de Lami. No puede bajo ningún aspecto, declarar que las mujeres trans son mujeres sólo en lo psicológico. No hay una ley que le permita a la policía accionar como el pretende, usando personal masculino  para perseguir a las mujeres trans.

Si vamos a hacer respetar la ley, y en virtud del código contravencional, vamos a perseguir a las trabajadoras sexuales, ok! Pero respeta mi identidad de género!

Respetame como la mujer que soy. Y no puede mediar aquí la tenencia o no de un DNI, porque la ley de identidad de género es muy específica en cuanto a que exista o no un cambio del nombre registral, la persona debe ser respetado de acuerdo a su género autopercibido.

Lo que subyace en todas estas practicas persecutorias y violatorias de los derechos de las mujeres es lisa y llanamente machismo.

Pierre Bourdieu dice “La fuerza del orden masculino se descubre en el hecho de que prescinde de cualquier justificación: la visión androcéntrica se impone como neutra y no siente la necesidad de enunciarse en unos discursos capaces de legitimarla”.

Y eso es lo que hacen los fachos que gobiernan en nuestra ciudad, se creen poseedores de la verdad, se creen tan dueños de todo que hasta pretenden definir nuestros cuerpos. Y por supuesto, sin justificación alguna.

Tres veces más fuerte debe ser la respuesta a este avasallamiento de nuestros derechos, tres veces más fuerte debe ser nuestra lucha, tres veces más fuerte la pugna por la autodeterminación de nuestros cuerpos trans. Y tres veces más fuerte el sonido de nuestras voces reclamando: Basta de persecución policial, implementación urgente de los protocolos de atención de salud para personas trans, ingreso real al sistema laboral y educación sexual integral en cada institución educativa de la provincia para poner freno a la discriminación.

Hoy más que nunca tres veces más fuerte: ¡Furia travesti!