Sobre porqué no podemos odiar sin excusas rebuscadas | Salta Entre Líneas
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 Sobre porqué no podemos odiar sin excusas rebuscadas

 Sobre porqué no podemos odiar sin excusas rebuscadas

licenciado

Por Pablo Daniel Arganarás Licenciado en Psicología

 

 

                               

                                                       A la india  que es libre y valiente de odiar sin poner excusas 

                                                                                     …  y se prepara para defender el desierto.

El falso pudor de Odiar

El escritor Raymond Carver se preguntó “¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?” y Andrés Calamaro se lo contó a todo el mundo sin revelar su fuente, mostrando una ética que de ser periodista y no músico resultaría  ejemplar. Suponemos que a Carver le resultó sospechosa  la omnipresencia del amor en nuestros  discursos. Le habrá hecho ruido que pululen tantas  cartas de amor, frases de amor, poemas de amor, declaraciones de amor. Mientras que Tanathos, la diosa de la guerra, no goza de la misma popularidad que  su colega Eros. Casi que nadie reconoce escribir cartas de odio, frases de odio, poemas de odio y declaraciones de odio. Y menos con  esa  frontalidad  autoafirmativa, que entre Naif  y Violenta  hoy llamamos sinceridad y que está casi tan sobrevaluada  como la misma palabra “sobrevaluada”

Algún pudor se activa y  nos esconde que  la  agresión desbordada es  un fin en sí mismo para nuestra economía síquica y en cambio la muestra  sublimada e imprescindible, un último recurso heroico y necesario. Así no  podemos andar odiando sin ayuda de algún silogismo que  nos diga que odiamos en pos  de  la defensa viril  de nuestro territorio, del   extraño que  me acecha, del  amor a la patria, la  defensa del honor, las armas químicas ocultas o la seguridad nacional.

Formidables aparatos institucionales, imaginarios frondosos, pastores standaperos que orgasman con  la gracia de dios  (así con minúsculas), propagandas de reclutamiento encubiertas y hasta académicos mediáticos de dudosa legalidad son engranajes de la  construcción de un Otro para que podamos odiar sin enterarnos. Tal vez un  hermano latinoamericano  que vive en la miseria, pero que aún así  mueve nuestro enojo  por llevar “una vida fácil” Una niña muy puta  que mataron  por no haber tenido  ejemplos en su hogar  y que ahora es un ángel (antes de morir, no). Y como paradigma: Un niño pervertido que roba con un arma de fuego y se ha convertido en  una mancha  sin forma, hecha  de  pixeles captados por una  cámara de seguridad privada de baja resolución, es una mancha porque la resolución de la TV es incompatible con  las precarias y baratas  cámaras estas. Sin embargo un canal de televisión las reproduce, aunque sea visualmente anti-televisivo. Y esa mancha difusa, como  en un test proyectivo,  son significadas  por  las pulsiones más primarias  del espectador.

El chorro es un niño, pero no tanto (no se le ve la cara). No debe de  tener necesidades, lo hará por maldad  (no se saben pues  sus necesidades). No debe haber tenido padres o bien fueron unos delincuentes (no se menciona su historia). Entonces y contradiciendo a J.P.Sartre, en esa mancha  hay mas nada que ser y como las manchas se parecen a los fantasmas que nos aterrorizaron en nuestra niñez, de adultos es un reflejo  moral querer  matarlas.

Nos señalan donde amar y nos señalan para donde odiar. Sin embargo podemos asumirnos amorosos, y es toda una postal de época: un conmovedor ex macho territorial convertido en  Adonis artificial, curtiendo labores de maternaje. Pero no nos toleramos odiadores. Necesitamos  una retorica del encubrimiento para disfrazar  la puteada de plegaria.

Sino observen la diferencia entre expresar  (Por ejemplo en una una red social, ese espantoso y anti-terapéutico lugar de catarsis personales actuales), un “Me siento traicionada por aquel en quien más confié y que ahora deberé borrar de mi vida” Respecto de  un más directo: “Marcelo Ajurriaguerra pedazo hijo de puta, te voy a matar”. Aquí no tener retórica de disimulo constituye redondamente un delito. Esto es posiblemente lo más lejos que llegará el código penal en cuanto  ayudarnos  con nuestra excelencia literaria para ser buenos ciudadanos, mas en esta época caracterizada por una  mascarada de sinceridad  que nos obliga a expresarnos  como verdaderos infradotados sin control de impulsos… por lo demás créame  aporta mucho mas Calamaro al manejo excelso del lenguaje que el Código Penal, lo que  es mucho decir.

Los fantasmas, las manchas, los desiertos

Pixelar  la humanidad de un niño  en un monitor de TV para poder odiarlo sin escándalos morales, es una  posibilidad que nos dio la  tecnología reciente, otrora la cosa era un poco más radical. “Un pueblo sin tierra, para una tierra sin pueblo” dijo Theodor Herzl y lanzó el Sionismo sobre Palestina, donde no había ningún pueblo… pero  HABÍA  y lo HAY  aún. Sucede que  aquello de “…una tierra sin pueblo” debía  convertirse en una  profecía  autocumplida del poder a través  de  el exterminio sistemático del pueblo palestino. Las  figuras retoricas con que negamos la existencia del Otro no pueden ser negadas por la existencia real de ese Otro. Así es el poder y su monopolio del odio: Si te dije que no hay Otro, no lo habrá o tus ojos jamás lo reconocerán como tal, apenas como formas o fantasmas.

“La Conquista del Desierto” se le denomino a la  expansión militar de la frontera del hombre blanco  ganándole territorio al indio en el siglo XIX. Y decir “desierto” fue la  forma en que el poder vernáculo invisibilizó   pueblos enteros, era un desierto y el desierto… desierto está. También lo había “vuelto civilizado” al odio al invitar a “no ahorrar sangre de gaucho”, esa otra mancha difusa  con forma humana, pero que de  humana no tenía nada. Justamente Domingo f. Sarmiento, quien escribió esta retorica del odio fue el icono de la escuela que formateo la memoria de generaciones,  donde estos Otros ajenos a la argentinidad deseada (indios, gauchos) fueron desaparecidos sin culpa, ni recuerdo. Y maldita memoria asociativa que me arrima a la definición de Desaparecido que daba el (otro)  genocida  “Frente al desaparecido en tanto esté como tal, es una incógnita el desaparecido… no tiene entidad no está ni muerto ni vivo, está desaparecido, frente a eso no podemos hacer nada…” Aquí no hubo discurso ni sutilezas para invisibilizar, aquí se sustrajo brutalmente al otro de la vida real  y se quiso generar un efecto desrealizante en los sobrevivientes que los convierta en  testigos paralizados.

A modo de comentario a pie de renglón dos citas del Padre del Aula y su contraste “Tengo odio a la barbarie popular… La chusma y el pueblo gaucho nos es hostil… Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos, ¿son acaso las masas la única fuente de poder y legitimidad? El poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden… Usted tendrá la gloria de son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden… Usted tendrá la gloria de establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el levantamiento de las masas”.

(Carta a Bartolomé Mitre, del 24 de septiembre de 1861)

“Es la educación primaria la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Son las escuelas la base de la civilización”

(Discurso apropósito de la educación popular  1875 )

Una viñeta de la vida cotidiana

Es muy difícil invisibilizar a un ser concreto que comparte mi tiempo y espacio, mi ciudad física, aunque en la ciudad de los imaginarios las distancias sean otras. Y otra  será la retorica  para  poder negarlo, expresar hacia la hostilidad, animadversión, rencor, repugnancia;  evitarlo,  limitarlo. O porque no?  Destruirlo. ¿Como se manifiesta hoy  esta retorica de justificar odios, de invisibilizar la humanidad del Otro?

Tal vez podamos ensayar una respuesta si nos enfocamos en un discurso muy concurrido en la vida cotidiana de los  argentinos  de  estos  últimos años y que  abreva sobre la medida redistributiva adoptada en 2009, la Asignación Universal por Hijo. Este discurso suele definir a su beneficiario como un ser que no reconoce sus verdaderas necesidades vitales, que es capaz de dejar de alimentarse con tal de usar el dinero del beneficio para consumir alcohol, dedicarlo a la ludopatía en un casino y “vicios” al tipo. Si sabemos que hasta un organismo inferior es capaz de detectar sus necesidades biológicas y tender  instintivamente a satisfacerlas como una condición casi refleja, entonces le estoy quitando a este prójimo, no ya su condición de humano, sino  su dignidad de organismo biológico que sobrevive a su medio. El darwinismo intuitivo y la sabiduría popular  se acercan a viejos clichés de la violencia más brutal y justificada (El indio, el gaucho, el subversivo, en fin el Otro a quien odiar con “justas ” razones).

El pobre, que vive  dos calles abajo se tiñe de ese Otro en el discurso del odiador promedio. Ya perdida su condición humana, ya cruzada esa frontera cualquier violencia se empieza a volver justificable y hasta un  genocidio tendrá sus adeptos y sus indolentes. Y si eso no ocurre a tal  escala, entonces un ente  que no es humano, que no siente ni sus necesidades, ni la de sus hijos, acaso no moverá  las siguientes inquietudes pulsionales  en ese odiador: ¿Entonces hay abuso sexual infantil contra entes de ese tipo? ¿Hay sensibilidad al dolor y al cansancio en su trabajo? ¿Un ente sin historia, necesidades, ni individualidad  no es acaso el perfecto objeto de goce y  descarga agresiva para este odiador promedio, pues no hay humano, no hay víctima, no hay culpa?

El odio agazapado, las justificaciones que suenan mas convencidas y urgentes, los amorosos hombres se preocupan y  luego nadie que dice este odio es mío.

 

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