Partidos políticos. Una “raza” en extinción? | Salta Entre Líneas
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Partidos políticos. Una “raza” en extinción?

Partidos políticos. Una “raza” en extinción?

 

Por: Daniel Salmoral

 

En estos días, cuando se le consulta a cualquier ciudadano si está afiliado a algún partido político, las respuestas casi siempre son las mismas: “En algún tiempo estuve pero ya no sé si seguiré figurando; No me interesa porque todos son lo mismo; Yo?… no por favor; Todavía existen?, y así podríamos seguir contando contestaciones similares.

Lo de ahora, es todo lo contrario a lo que ocurría a comienzos del año 1983 cuando la afiliación a los partidos políticos, sobre todo al PJ y la UCR, era masiva.

Por entonces, los argentinos, ansiosos de ponerle fin a la dictadura cívico-militar luego de ocho años de silencio y horror, se agolpaban en las sedes partidarias y por aquellos tiempos también era común ver a hordas de militantes “patear” calles y tocar timbres de casas, edificios de departamentos, fábricas y todos los lugares de trabajo cargados de fichas de afiliación que al final del día engrosaban los padrones electorales de los partidos políticos.

Hoy esa imagen ya no existe y sólo es un lejano recuerdo.
Qué pasó?. La respuesta es simple. Los partidos implosionaron, no explotaron, y quedaron vacíos como consecuencia del alejamiento cada vez más acentuado de los políticos con los ciudadanos de a pie que, de manera sistemática, se alejaron de estos espacios que entendieron no servían para solucionar los problemas del conjunto sino tan sólo los de sus propios habitantes.

A causa de eso, hoy languidecen y todo indica que sólo una profunda y sincera autocrítica de la dirigencia política lograría que vuelvan a ser lo que fueron allá a comienzos de la década del ’80.

Si bien esta realidad es la misma en todo el país, en Salta se hace mucho más notoria y los responsables tanto del PJ como de la UCR y el PRS, hacen poco y nada por revertirlo.

El caso del Partido Renovador de Salta, es quizás el más grave.
Nacido junto con el nuevo proceso democrático con la pretensión de ser una cuña entre peronistas y radicales, en los últimos años fue cambiando su esencia y por la ambición personal de su conducción terminó convirtiéndose en el triste furgón de cola de un peronismo que lo deglutió, lo destrozó y ahora está a punto de dejarlo abandonado en una ignota alcantarilla de un camino vecinal

Lo que hizo Andrés Zottos y el resto de los dirigentes renovadores que lo acompañaron en su incursión frentista con el peronismo vernáculo, provocaron que el PRS estallara dos veces de manera interna, quedando ahora, de cara a esta nueva elección del año 2015, sólo vestigios de aquel partido que en los años ’90 gobernara la provincia y varios municipios, incluida la Capital, obtuviera importantes bancas legislativas provinciales y municipales, junto también a los escaños nacionales.

Ahora, convertido en una máscara de lo que fuera en otros tiempos, Zottos, su presidente, le suplica todos los días a Juan Manuel Urtubey de manera descarada y lastimosa, que lo lleve nuevamente como candidato a vice gobernador para que su estrepitoso fracaso como dirigente político, no quede tan expuesto.

Para muchos salteños que supieron encolumnarse en la expresión política que fundaran Roberto Augusto Ulloa, Jorge Oscar Folloni, Ennio Pontussi, Víctor Abelardo Montoya, Juan Agustín Pérez Alsina y otros en los albores de la democracia recuperada, lo que hicieron sus actuales conductores fue propio de “buscas” disfrazados de dirigentes políticos a los que le interesó, por sobre cualquier otra cosa, acomodarse ellos y sus familias, por lo que, la mayoría de esta gente, ya desalentada, reniega ahora de todo lo que tenga tufillo a política.

En el caso de la UCR, la situación no fue demasiado diferente.
Víctima de un internismo visceral producto del cual su dirigencia encontró el adversario político a vencer puertas adentro y no afuera de su sede partidaria, convirtieron al centenario partido en un ring donde sus conductores dirimían la mayoría de las veces diferencias personales que fueron la principal causa que la sede radical de calle Mitre al 600 haya sido, durante muchos años, una casona habitada solamente por algunos fieles empleados administrativos, como Alba Vilte, a la cual, y en “retribución” a su trabajo y fidelidad, le adeudan, desde hace años, haberes cercanos a los $ 100.000.

Las malas estrategias electorales, sumado a la salida apresurada del gobierno de Fernando de la Rúa y el fracaso de la Alianza, contribuyeron sobremanera para que aquel partido que orgulloso en la década de los ochenta se mostraba como una alternativa política vigorosa y con fuerte presencia legislativa en la provincia, se comenzara a desgajar hasta perder, en Capital y otros departamentos y municipios, la presencia tanto en las bancas de la Legislatura Provincial como de los Concejos Deliberantes.
“Nunca tuvimos vocación de poder. Siempre buscamos quedarnos con dos o tres bancas nada más”, afirmaba un viejo dirigente de la boina blanca local mientras apuraba un café en el mítico Bar Tribunales.

Sin duda que esta es una realidad que la sociedad percibió y a causa de eso es que se alejó de un partido que, entendía, sería incapaz de brindarle solución a sus problemas cotidianos.
Ahora, con una nueva conducción y renovados bríos, habrá que ver si es capaz de recuperar la gloria perdida hace tiempo ya.

El caso del Partido Justicialista de Salta por su parte, merece un capítulo especial.
Conducido durante doce años de los últimos veinte y con “mano de hierro” por Juan Carlos Romero, el peronismo salteño es motivo de análisis no sólo por el periodismo político sino por la ciudadanía toda.

“Cerrado con candado”, según los críticos de Romero durante su presidencia, esperaban que de la mano de Juan Manuel Urtubey se abriera a la sociedad salteña como un “capullo”, pero al decir de no pocos “compañeros”, esto quedó solamente en una promesa porque, afirman, el partido sigue cerrado para los militantes de a pie.

Difícil de entender, los foráneos se preguntan porque los que antes estaban adentro (Romero y su gente) ahora están afuera y quienes estaban afuera antes (Urtubey y su gente) ahora están adentro.

Más difícil aún es tratar de explicar esto que, a simple vista aparece inexplicable, pero más allá lo cierto es que hoy el PJ sigue sin ser el partido de puertas abiertas que muchos afiliados esperan.

La llamada “Lista Unidad” que se ha presentado para renovar sus autoridades dentro de unas semanas y según los dichos del dirigente, Julio Argentino Villafañe en el programa “7 PM” por FM Pacífico, presenta serias irregularidades por cuanto Urtubey está violando el reglamento interno ya que propone para ocupar cargos tanto en el Consejo Provincial como en el Congreso partidario, a hombres y mujeres que no tienen la antigüedad necesaria para ocupar dichos cargos.

“Es inaceptable que se pretenda integrar listas con personas que se afiliaron hace apenas seis días y menos aún que se quiera poner como consejeros o congresales a personas que ni siquiera están afiliados”, denunció durante la entrevista.

Todo esto habla a las claras de la enorme crisis que atrapa a la mayoría o a casi todos los partidos políticos, salvándose de esta situación el Partido Obrero, al menos en las apariencias, ya que desde distintos sectores, incluso desde el intestino mismo de la agrupación trotskista, se cuestiona que a la hora de elegir candidatos para cargos ejecutivos y legislativos, los nombres se repiten elección tras elección.

“Yo ahora voto a personas y no me importa a qué partido pertenezca”, era el comentario que formulaba una señora consultada y agregaba que con el voto electrónico, que asegura aprendió a usar bien, elegir a nombres y no a listas se le hizo mucho más fácil.

Esta realidad que habla de la indiferencia hacia los partidos políticos como así también hacia quienes ostentan el poder, han colaborado para que las agrupaciones políticas provinciales, en particular, se hayan convertido, como dicen con razón muchos ciudadanos, en simples cáscaras vacías de las que hay que alejarse cada vez más, y en defensa propia.