Orán: Mala Praxis en clínica privada | Salta Entre Líneas
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Orán: Mala Praxis en clínica privada

Orán: Mala Praxis en clínica privada

La joven Priscila Cabrera, de 27 años de edad, vivió horrores dentro de una clínica privada local a la que asistió para dar a luz a su beba. Por la mala praxis sufrida estuvo al borde de la muerte. Su familia expuso el caso para evitar que el hecho vuelva a repetirse.

Priscila tenía fecha aproximada de parto entre el 15 y 17 de julio. Por orden médica se fue postergando el alumbramiento, demorándolo hasta el martes 21, día en que la joven llegó por sus propios medios a la Clínica Privada Sagrado Corazón, ubicada en la esquina de Güemes y Rivadavia, para tener a su beba. Allí comenzó la pesadilla que tuvo a Priscila y a su pequeña peleando al borde de la muerte.

La joven fue internada alrededor de las 9  del martes, con el llamado goteo que le permitiría dilatar el útero para el parto normal. El proceso no avanzaba y el Dr. Liquin, médico que la controlaba, y que además siguió el embarazo desde el 3º mes de gestación, realizó varios tactos que,  según dijeron, fueron invasivos, al punto que ella pedía por favor que ya no la tocaran. En medio de uno de estos controles, el doctor pidió de urgencia una camilla porque la bebé estaba naciendo. La familia reprochó este procedimiento preguntándose si el médico no notó que la criatura ya no podía estar más dentro del útero y que necesitaba una cesárea porque el cuerpo de la madre no estaba preparado para el parto normal.

Según relatan los familiares que presenciaron el hecho, la pequeña salió sin poder respirar, no lloró, y su color de piel era oscuro. Inmediatamente la trasladaron a neonatología del Hospital San Vicente de Paul,  donde los profesionales trabajan para mantenerla viva. En la clínica, ni siquiera existe una guardia pediátrica que la pudiera atender.

El parto tampoco estuvo asistido por un equipo médico, sino apenas por el Dr. Liquin y unas enfermeras, que al ver el estado de la beba salieron a las corridas para ayudarla, dejando a Priscila en la cama de su habitación sin ser atendida. Su madre contó que al entrar a verla la encontró bañada en sangre, y que una enfermera trató de tranquilizarla diciendo que “era normal”. Fue ella misma quien intentó asistir a su hija viendo el terrible estado en el que estaba.

La joven madre perdió muchos litros de sangre, sufriendo una hemorragia interna que no se detenía a pesar de los trabajos médicos. Quedó inconsciente y debieron hacerle varias transfusiones de sangre. Luego de eso, el médico decidió intervenirla quirúrgicamente y extirparle el útero porque se esperaba que así se detuviera el  sangrado, lo cual fue una desagradable sorpresa para la familia que asegura que nunca le pidieron autorización para tal acción. Aun así, la hemorragia continuó.

Durante la primera noche, Priscila estuvo con pronóstico reservado en estado crítico. A la mañana siguiente el parte médico informaba que además tuvo fallas renales por lo que también debían dializarla. La situación se complicaba aún más con ese cuadro.

La familia se lamentaba del hecho y de la mala acción del médico que dejó a Priscila y a su beba al borde de la muerte. “Es increíble que siendo una chica sana,  sin ninguna enfermedad,  ahora tenga todas estas complicaciones”, decían.

También se quejaron de la pésima atención del resto de los empleados de la clínica, recordando, por ejemplo,  que en medio del llanto de la madre de Priscila, un administrativo se acercó a exigir el pago de 800 pesos por un medicamento aplicado. “No cabe duda que no les importa nada la salud a pesar de ser una clínica, solo quieren llenarse los bolsillos a costilla de la necesidad”, se quejaron los presentes, arrepintiéndose en todo momento de haberse acercado a ese lugar para la atención.

El pronóstico no era para nada alentador, más todavía cuando la familia recibió un llamado desde el Hospital manifestando que Emma, la beba, había tenido una recaída, y que si sobrevive hay muchas posibilidades de que sufra secuelas por la falta de oxígeno en su cerebro.

Por la tarde, la beba se estabilizó, y Priscila se mantenía igual, evolucionando a pasos muy lentos. Así continuó la jornada del jueves. Cabe destacar también, que tras un pedido médico, un total de 20 personas se acercaron a donar sangre para la joven.

En la mañana del viernes se informó que hubo una mejoría en la salud de la joven, a quien se le pudo controlar la presión y se le detuvo el sangrado, por lo que las posibilidades de trasladarla a Salta crecían. A pesar de que los médicos de la privada decían que no era necesario el traslado, la familia insistió con el mismo, tratando de salir de una vez por todas de esa institución “por todo el daño que hicieron”, decían. Ellos confiaban en que la atención en la capital salteña sería ideal y mucho más profesional, por lo que siguieron adelante con el papeleo necesario para poder efectuar el viaje.

Los trámites se completaron por la tarde de ese día, y a las 16  llegó la ambulancia del Samec a la clínica privada para llevar a Priscila hasta el aeropuerto, donde ya la esperaba el avión sanitario desde el mediodía.

Con aplausos y entre lágrimas, familiares y amigos despidieron a la joven mientras la aeronave se elevaba. Viajaron con ella su familia paterna y su esposo. En tanto la madre quedó en Orán para estar al pendiente de la beba,  que sigue internada en neonatología del nosocomio local.

Priscila fue trasladada al Materno Infantil de Salta, donde la primera noche fue complicada para su salud, quizá a consecuencia del traslado. Debió ser reanimaba de un paro cardiorespiratorio, y por la mañana la intervinieron quirúrgicamente de nuevo. Afortunadamente su evolución es favorable, según informaron los médicos, y la hemorragia que casi la mató, ya no existe.

El domingo también se supo que Emma respira por sus propios medios y ya no depende del respirador artificial. También se le retiró la sonda por donde la alimentaban y ahora toma mamadera. La evolución de ambas avanza positivamente.

No cabe dudas que la voluntad y las ganas de vivir de Priscila no la dejaron irse de este mundo a pesar de los horrores sufridos dentro de la clínica privada. Seguramente su amor de madre la mantiene vive, sus ganas de volver a ver a su hijo de 5 años, y de conocer a la pequeña Emma no la dejaron abandonar la lucha. Las ganas de volver a los brazos de su familia y amigos, que no se despegaron ni un instante de su lado, y de retomar su carrera de Profesorado en Literatura, que cursa con muy buenas calificaciones en el Instituto Loutaif, no la dejaron caer. Priscila tiene mucho porque vivir.

Se supo que la Justicia tomó intervención en el caso que ya es de público conocimiento para la comunidad oranense. Su familia paterna expresó a la prensa que con la exposición de esta historia no buscan hacer mal a nadie, simplemente alertar de lo ocurrido para que no se repita nunca más.

Fuente: Radio Cadena Noa y Radio A orán