Margarita Leal ratificó que nunca declaró ante el exmagistrado: Comenzó el juicio a Lona con graves falencias técnicas y restricción a la prensa | Salta Entre Líneas
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Margarita Leal ratificó que nunca declaró ante el exmagistrado: Comenzó el juicio a Lona con graves falencias técnicas y restricción a la prensa

Margarita Leal ratificó que nunca declaró ante el exmagistrado: Comenzó el juicio a Lona con graves falencias técnicas y restricción a la prensa

Ayer comenzó el juicio oral y público contra el ex juez federal Ricardo Lona, a quien se lo acusa por encubrimiento y prevaricato en el marco del secuestro y desaparición forzada del ex gobernador de Salta Miguel Ragone, el asesinato de Santiago Arredes y la tentativa de homicidio de Margarita Martínez de Leal, testigos de los hechos. Elena Rivero, referente de la Asociación de Derechos Humanos Coca Gallardo, estuvo presente en el Tribunal Oral Federal Nº 2 y manifestó su malestar ante el blindaje que se dispuso para que no puedan acceder a la sala de audiencia.

“Estamos indignados. Nos sentimos atropellados en nuestros derechos como organismos de derechos humanos, en primer lugar, y como ciudadanos”, expresó la referente mientras se desarrollaba el juicio en una pequeña sala que no permitía el ingreso de los militantes de derechos humanos. “Esto es un juicio oral y público y parece que no lo entendió la justicia al haber acondicionado la sala donde se realiza la audiencia”, sostuvo.

“Están los familiares de Lona, dato significativo, mientras que el resto de los familiares y de gente que ha venido trabajando para llegar a este juicio no hemos podido ingresar. Estábamos en una pequeña habitación, que no es una sala, desde donde no se escucha, no se ve, por problemas técnicos que nos dijeron que iban a solucionar y hasta ahora nada- continuó-. Estamos afuera de un juicio oral y público en el que muchas compañeras de derechos humanos han sido querellantes, han juntado la documentación. Es realmente indignante y nos hace pensar que la impunidad y la protección al (ex) juez Lona siguen intactos”.

En el mismo sentido, reclamó: “La Federal tiene una actitud avasallante, prepotente, autoritaria, que sin duda recibió órdenes en ese sentido. Compañeras han ido al baño custodiadas por dos policías que han entrado y han estado parados al lado de la puerta del baño. Tienen un trato indignante contra todos y todas las que estamos acá”.

“Es un trato indignante y ahora estamos haciendo la nota al Tribunal exigiendo que arbitre los medios para que estas condiciones varíen y que podamos ingresar y asistir a la audiencia, que es nuestro derecho”, subrayó Rivero en tanto lamentó: “Por parte del Poder Judicial tampoco hemos visto ninguna actitud como para subsanar todos estos problemas que estamos afrontando en esta mañana. Lo vemos como una provocación, pero más allá de eso es una forma de impartir justicia, que no es la que buscamos y la que merecemos como ciudadanos, que tenemos el legítimo derecho a participar en este juicio, que es oral y público”.

“Este juicio es emblemático, es histórico. Realmente esperábamos que el tribunal garantizara las condiciones para que pudiéramos asistir todos aquellos que estamos luchando contra la impunidad y por justicia. Lona estuvo eludiendo los juicios con una serie de chicanas legales durante mucho tiempo, cuando por fin se da este juicio veíamos con alivio que podíamos llegar a una instancia donde la justicia fallara como corresponde, y nos encontramos con esto que, evidentemente, es un blindaje que le hacen a este personaje, que durante tantos años ha vivido en la impunidad”, cerró.

La querella pedirá la condena como partícipe secundario

David Leiva, abogado querellante en el juicio contra el exjuez federal Ricardo Lona, dijo que “es evidente que lo que están haciendo es un acto de chicana procesal, no quieren que Lona siga sometido a este juicio porque debe estar sospechando que, con las pruebas reunidas, Lona va a ser condenado”.

“Fue un partícipe necesario del genocidio que hubo en Argentina y en Salta”, sentenció Leiva, para luego decir que se pedirá la condena como partícipe secundario del homicidio de Ragone, del homicidio de Arredes y por las lesiones que sufrió Margarita de Leal.

Informó que en caso de ser rechazado esto, se insistirá en su participación como encubridor y por haber omitido los deberes de funcionario público.

La Familia Ragone no estará presente

La referente de la lucha por la reivindicación de los Derechos Humanos, Blanca “Nenina” Lescano, comento que se formó una mesa con diferentes organizaciones para encarar esta etapa.

Esta misma mesa también tendrá la tarea de suplir a la familia Ragone que comunicó que no estará presente en las audiencias, por cuestiones de salud de la viuda del ex gobernador, Clotilde Ragone. Respecto a esta situación, Lescano aseguró que no es necesario que la familia este presente después de todo lo que pasaron.

En el aspecto legal, tampoco es requerido que los Ragone estén en el lugar porque según Lescano ya hay años de testimonios y pruebas acumulados y consideran que no es necesario seguir exponiéndolos.

Para la referente, el ex juez Lona es una “tradición” en la justicia salteña y sin duda dejó muchos discípulos y parientes dentro del Poder Judicial, lo que quedó demostrado en la manera que se fueron excusando jueces salteños para juzgarlo.

Respecto a las expectativas para el juicio., Lescano aseguró “le damos toda la responsabilidad a los jueces para que determinen que van a hacer con Lona, nosotros ya no podemos hacer más que seguir en la lucha”.

“Después de tantos años la justicia ya no es justicia, pero igual estamos aquí sentados”

Mario Cortés, llegó desde Hipólito Yrigoyen junto a familiares por la Memoria, Verdad y Justicia. “Nos cuesta esta historia y nos cuesta también por las historias personales”, dijo Cortés y recordó que su hermano y su cuñada fueron secuestrados. La mujer fue encontrada muerta en La Plata, al momento de su desaparción curzaba un embarazo de siete u ocho meses. Se cree que dio a luz en una maternidad clandestina.

“Nosotros estamos en la búsqueda de ese bebé, hicimos los trámites necesarios ante el banco genético de datos, ante Abuelas por si en algún momento aparece, después de 45 años”, sostuvo el militante.

Sobre el exjuez federal Ricardo Lona, recordó que “cuando las personas iban a preguntar por sus familiares, presentar habeas corpus y demás, él se los tiraba sobre la cara. Forma parte del encubrimiento de la dictadura y es cómplice de las desapariciones de salteños”.

“Después de tantos años la justicia ya no es justicia, pero igual estamos aquí sentados y lo vamos a seguir haciendo con todos los represores, pidiendo por todo el país y por la justicia que necesitamos”, exclamó el hombre.

Declaró Ricardo Lona por el encubrimiento en la desaparición de Ragone

El ex juez federal Ricardo Lona, hizo uso de la palabra en el juicio que se lleva a cabo para demostrar el grado de encubrimiento en el secuestro y desaparición del ex gobernador Miguel Ragone. Asimismo, según adujo el ex juez federal, por consejo de su defensa, técnica no accedió a responder preguntas luego de su relato. Durante la primera parte la prensa no tuvo posibilidades de acceder, como así tampoco las organizaciones de Derechos Humanos.

“Han transcurridos muchos años desde los hechos que se me imputan (43 años). Y también han transcurridos muchos años desde mi declaración indagatoria del 27 de febrero del 2014, cuando me limité a presentar un memorial donde trataba todo los puntos que constituían el requerimiento fiscal. Ninguno de esos argumentos que expuse fue tratado, ni siquiera considerado, ni por la instrucción, ni por la cámara dos, que confirmó la prisión preventiva. Por eso es que en esta oportunidad voy a limitarme a glosar aquel memorial y solicito, en ejercicio de mi defensa, e invocando la igualdad de armas, que el tribunal tenga a bien ordenar que ese memorial se incorpore a las actuaciones, en este debate.

El tiempo transcurrido al que me referí, también han jugado en mi contra. Los años han pasado, no soy el mismo y se ha mellado mi capacidad para dirigirme al tribunal con la elocuencia con la que lo hubiese hecho en otra época. De allí que pido valerme de apuntes para hilvanar mi relato y no vaya a omitir alguna de las cosas que expuse en aquel memorial y vaya a dar lugar a confusión (ante esto la parte acusatoria accedió a que el memorando sea incorporado al expediente, aduciendo que en la indagatoria a la que se hizo mención, dice que lo presenta como memorial)

Me siento cómodo frente a ustedes, advierto la seriedad del tribunal y la delicadeza y el respeto con la que he sido tratado en este momento.

Voy a recordar el clima de convulsión, el clima de inquietud social, el clima de desavenencia general que se vivían en aquellos tiempos.

En la propia acusación hizo mención a este clima en la Argentina, transcribiendo lo que se había dicho en la causa 13 del ’85, que juzgó a las juntas militares. Ese clima de desorden general y de convulsión, repito, se acentuó en Buenos Aires, donde perdió la vida el importante sindicalista como José Rusty y en otras capitales de país con mayor población. Pero hasta ese momento en Salta no había ocurrido un hecho de la naturaleza como el atentado y el secuestro al ex gobernador Ragone, el homicidio del señor (Santiago) Arredes y las lesiones provocadas a la señora (Margarita) Martínez de Leal. De allí que cuando el día, ese 11 de marzo, en la mañana, concurrieron a mi despacho dos comisarios a darme cuenta del hecho, recibí con estupor la noticia, lo primero que pensé, no me detuve a pensar más bien dicho, en cuestiones de competencia, sino que había inmediatamente iniciar las investigaciones, inmediatamente abocarme al caso y ligado también porque le atribuían a un acto a un origen subversivo. Destaco al honorable tribunal, que la propia prensa, el diario El Tribuno, el día 14 de marzo del ’76, lo atribuía a un comando subversivo.

Así fue como acompañé inmediatamente, acompañado de éstos dos comisarios, me dirigí al lugar del hecho. Allí me encontré con que la versión de la consigna decía que se habían hecho disparos con arma de fuego. Creo que en ese momento es que me enteré de la muerte del señor Arredes, que tenía un almacén en la esquina de la cuadra siguiente y que sus restos y su cuerpo había sido llevado al hospital. También presentaron un zapato que podía pertenecer al ex gobernador. Me dirigí, no por el zapato en sí, a la casa del doctor Ragone para ver a sus familiares, tratar de recoger alguna información que pudieran suministrar y algún policía exhibió el zapato a la señora de Ragone, había una hermana, algunos familiares y amigos, entre los que reinaba una gran confusión, estaban en estado de conmoción por el suceso en perjuicio del doctor Ragone. La señora de Ragone estaba consternada, nadie de los que la rodean pudo suministrar nada ni me dijeron, no podían hacer ningún aporte, nadie habló de ninguna amenaza, de ninguna advertencia.

Me encontré, entre los presentes, a dos amigos íntimos del doctor Ragone, con quien yo también tenía relación. Era el padre Escobar Saravia, el señor Miguel Horacio Navamuel, con quien de chico yo tenía una amistad. Crucé con ellos algunas palabras y me manifestaron su alegría, o complacencia, porque yo interviniera en el asunto. Al salir me encontré con el hijo del doctor Ragone, el doctor del mismo nombre de él, y prácticamente cambié algunas palabras con él y le dije lo mismo que le había expresado a su madre, que se haría lo imposible, cuánto fuera necesario, para tratar de encontrar vivo al ex gobernador. Omití decir que cuando estuve en el lugar del hecho y me hablaron de que se habían efectuado disparos, ordené la actuación de los peritos, me dijeron que ya se había ordenado que comparecieran a hacer una pericia. Les recomendé que la hicieran igualmente, en el lugar en el que había sido abatido el señor Arredes.

Cuando salía de la casa del doctor Ragone, los comisarios, uno de los que me acompañaba, me dijeron que habían recibido un mensaje desde el hospital donde estaban familiares del señor Arredes, pidiendo que no se hiciera la autopsia, que ya se había revisado por el médico legal de la policía y que había determinado perfectamente la causa de la muerte. También allí, creo que me informé que estaba siendo intervenida la señora Martínez de Leal. Por eso decidí trasladarme al Hospital. Allí me esperaba el doctor Tamayo, que era el jefe de los médicos legales de la policía. Me explicó que la bala había interesado el corazón y tenía orificio de salida y que la autopsia era innecesaria porque estaba perfectamente determinada la causa de la muerte. Era lo que se acostumbraba en aquella época. Yo mismo, como estudiante, había aprendido que la autopsia no era necesaria para determinar la causa de la muerte. En la actualidad la autopsia se hace siempre porque juegan otros factores. No le voy a decir a los señores jueces, que lo saben muy bien. Me pareció que bastaba, además había una hermana de Arredes, muy nerviosa, suplicando que lo llevaran para velarlo, allí autorice. Me hice acompañar por el señor Tamayo para ver a la señora Martínez de Leal, creo que me llevó a un lugar que me pareció era la guardia, entró a una habitación y salió diciéndome que la estaban curando, que antes le había hecho una radiografía y que estaba sedada, por lo que no podía hablar conmigo, porque mi intensión, aparte de interesarme por su estado de salud y por los daños físicos que había sufrido, me interesaba saber si ella podía hacer algún aporte, cosa que a la poste no sucedió.

Allí que recomendé, ordené, que se le preguntase cuánto sabía, cuando estuviese en condiciones de hacerlo y dispuse que le pusieran una custodia en su domicilio, por si era un testigo importante, para preservar cualquier agresión contra ella.

Regresé a mi despacho y allí me reuní con el fiscal, el defensor oficial y el secretario penal que iba y venía y me dio las novedades: Ya habían detectado el automóvil del doctor Ragone, abandonado en Cerrillos, cerca del matadero. Dispuse que se hiciera una pericia completa y me contestaron que ya había ido personal de criminalística al lugar, que ya había ido el perito.

Permanentemente se informaba el cumplimiento de todas las disposiciones que yo había dado a los comisarios que me acompañaban. El vallado, el control de ruta y después, como pensamos con el fiscal que como la marcha de los automóviles usados para perpetrar el delito era sur por la ruta 68, bien podía constituir una estrategia de los delincuentes para despistar y evadirse en sentido contrario. De allí que ordené que se cerraran todas las rutas y se hiciera control también en caminos secundarios. Recuerdo que tracé que podían salir por el Juramento, por un camino de tierra que existen y otros puntos que podían serles de utilidad. El secretario, era el escribano Martínez, tenía una gran cercanía con el entonces director de asuntos jurídicos y judiciales de la policía provincial, era el doctor Alberto Velarde, que poco tiempo antes, había sido durante años fiscal federal y había compartido muchos años de trabajo con el secretario penal. El doctor Velarde se comunicaba permanentemente con Martínez y le daba las novedades diciéndole que seguía el caso, que asesoraba y que seguía el caso de cerca. Le explicó que la policía se sentía burlada porque los delincuentes eran de afuera, especialmente motivada también de la muerte del señor Arredes que era hermano de un oficial superior, oficial de la más alta jerarquía de la policía de la provincia. Pensaban que lo habían baleado, no porque haya reconocido a los autores, sino porque no lo conocían porque eran de afuera, los agresores. Recuerdo, de todos los que estábamos allí de permanente reunión, el doctor Masafra era el fiscal federal, era el más conmovido porque tenía una cercanía con el ex gobernador, dado que cuando se había quedado cesante a raíz de la revolución del ’55, en el cargo del fiscal federal, había militado junto a Ragone en las filas del justicialismo. También Ragone, había sido quien como gobernador había propiciado que se lo nombrase fiscal federal en la vacante de Velarde. Recuerdo de que estaba sorprendido de que ninguno de los políticos cercanos a Ragone lo haya ido a ver para interesarse en el desarrollo de la investigación, en qué había pasado o que alguien suministrase también algo, cosa que no ocurrió. Como los controles de ruta no parecían dar sus frutos me informaron que iban a hacer rastrillajes en toda esa zona y me pidieron autorización para inspecciones domiciliarias, con la conformidad de sus ocupantes. Lo autorizamos por esa razón, inclusive también dispusimos que se haga un rastrillaje en el dique Cabra Corral. Todas estas cuestiones venían de las consultas y comentarios. Como cerca de Coronel Moldes habían encontrado un auto dijimos que podía ser eso.

Debo decir que en el memorial, del año 2014, omití decir que a partir del día 5 de abril del ’76 salí de licencia por compensación de ferias durante 40 días. Para ese momento ya las investigaciones estaban en medio de un compás de espera de resultados. Se había hecho pedido de la colaboración de policías de las provincias vecinas. Estaba a la espera, también, de eso, de que hubiera alguna novedad de ese tipo. Todo en el ambiente de la investigación era que se trataba de gente de afuera que había logrado evadirse. Cuando volví, me reemplazó el doctor Abel Cornejo Solá, de la licencia coincidió con la elevación del sumario policial. Evaluamos qué se había hecho en mi ausencia y todos coincidimos en que se habían practicado todas las medidas posibles en ese momento. De allí que no quedaba otro camino que disponer el sobreseimiento provisional de la causa, tal como marcaba el código del procedimiento vigente de entonces. Si no se le corrió vista al fiscal, para que proponga diligencias es porque lo habíamos conversado antes, compartíamos esa inteligencia de que cabía sólo el sobreseimiento.

En la elevación está claro que la policía seguía investigando, lo dicen expresamente y nosotros estábamos en el convencimiento de que así era y que así seguiría. Por eso no es cierto de que se haya cerrado el sumario sin ninguna investigación ulterior, por el contrario, cuando se tuvo noticias de un acontecimiento que revestía singular importancia para continuar con la investigación, intervine de inmediato. Ocurrió que en el diario El Tribuno leí que se llevaba a cabo un juicio oral en la justicia provincial, donde se juzgaban a policías integrantes de un grupo denominado “guardia del monte”, quienes habían intervenido en la muerte de ciudadanos corrientes. Uno de los hermanos del muerto, de apellido Nolasco Rodríguez, al declarar como testigo dijo que estando en el juzgado penal de Metán, en horas de la tarde, cuando se iba a realizar un careo, de uno de los policías implicados, de estos de la guardia del monte, de apellido Saravia, con una ex concubina, se presentó de forma intempestiva el entonces subjefe de policía, un militar en actividad, con el grado de mayor, llamado Juan Carlos Grande, con quien ya había tenido él alguna entrevista, con motivo de la muerte de su hermano. Esto ocurría en el año 1977, no puedo precisar la fecha. Él, Rodríguez, contó que más bien dicho, me estoy acordando que al ver eso, al ver la noticia en El Tribuno que daba cuenta que el testigo había dicho, que uno de los imputados de apellido Soraire había intervenido en la muerte del doctor Ragone, dicté un decreto en los siguientes días, en los siguientes términos, esto era el 10 de octubre de 1986 (lee) “Hoja 290 del expediente originario, el decreto está concebido en estos términos. Teniendo en cuenta que de acuerdo con las noticias periodísticas sobre el proceso que se sigue a policías integrantes de la denominada “guardia del monte” por homicidio, el testigo Nolasco Rodríguez hizo alusión a que uno de aquellos, de apellido Soraire, habría participado en el homicidio del doctor Ragone, según referencias que le había hecho el entonces Mayor Grande, requiérase desde la Cámara de los Criminal, Sala I de la Provincia, copia autenticada de dicho testimonio y de cualquier otra actuación vinculada con tales referencias, ofíciese al efecto, firmado Ricardo Lona, Juez Federal”. De allí es que me mandaron copia de las declaraciones de Rodríguez dónde surgían los acontecimientos, lo sucedido en el juzgado de Metán. Cité a Rodríguez como testigo. Costó algo que viniera porque el domicilio suministrado por la Cámara de Crimen II de Salta no era donde estaba en ese momento. Se presentó Rodríguez, creo que se presentó de oficio. Tomamos una declaración testimonial, de ahí declaró lo que estaba diciendo yo, acerca de la audiencia que se iba a hacer en Metán por el careo y que él estando en el patio del Juzgado, llegó intempestivamente el mayor Grande. Lo quiso atropellar, amedrentar a Rodríguez, reprochándole por qué estaba ahí. Entonces este Rodríguez, que era un hombre recio lo tomó de los codos y lo hizo retroceder. Confieso que a mí me pareció muy bien que lo hiciera retroceder frente a la prepotencia del otro. Entonces Grande, achicándose, le dijo que tranquilícese, no podemos, Soraire me jugó a dos puntas, él intervino en el secuestro de Ragone y si es que lo metemos preso por la muerte de su hermano va a saltar esto de Ragone. Su hermano,pero usted quédese tranquilo porque aparecerá muerto, porque mataron a su hermano. Rodríguez dándole una lección moral le dijo, yo no quiero que lo maten, yo quiero que los metan en cana por lo que han hecho. Sigue diciendo Rodríguez que cuando se suspende la audiencia del careo por la intervención de Grande, su abogado que era el doctor Jorge Centeno Cornejo, le dice Rodríguez no podemos seguir con esto, esto no va más. Y le explica que Grande le había dicho lo mismo. Con tal motivo yo tuve que excusarme de seguir interviniendo, porque yo tenía enemistad manifiesta con Grande por un proceder deshonroso de él, cuando era Jefe de Policía, es decir posteriormente al acontecimiento de 1977.

Por eso sostengo que no es verdad que haya cerrado el sumario sin una investigación ulterior, pues de mi actividad resultó los principales concretos elementos para determinar la participación militar-policial en el crimen. Del expediente surge que en cuanto me fue posible por contar con alguna información activé la instrucción, mediante diligencias de las que resultaron hechos relacionados con la participación de militares y policías en el delito. Al extremo de que el fiscal doctor Toranzos, cuando se reunió reanudó la investigación en el año 2004, hizo mérito de dichas diligencias y pidió acumular el expediente originario, requiriendo la indagatoria del ex Jefe de Policía Coronel Gentil y los legajos de los integrantes de la cúpula policial, con el comisario Guil a la cabeza.

Hasta ese momento, en las nuevas actuaciones sólo se contaba con lo expresado por el denunciante, Víctor Hugo Elías, quien atribuyó la autoría del hecho a grupos parapoliciales y paramilitares de la denominada Alianza Anticomunista Argentina, liderada por el ex ministro de bienestar de la nación José López Rega, con la participación de la participación del nombrado Gentil, de cuyo rencor y presión hacia Ragone dieron cuenta Villamayor, Fister y Clotilde Ragone.

Al declararme incompetente, actuó como defensor oficial el doctor Alberto Oscar Aragones, lo sentó a declarar a Grande en calidad de encubridor y también al entonces diputado provincial doctor Jorge Centeno Cornejo quien corroboró el relato de su ex cliente Rodríguez, pues afirmó que el mayor Grande le confió la existencia de motivos políticos para proteger a Soraire y a los otros, manifestándole que esta gente intervino en procedimientos como el secuestro de Ragone. Le refirió, Centeno Cornejo, que Grande le expresó que el juicio no podía continuar por graves motivos, por lo cual lo interrumpió para evitar informarse sobre hechos que en ese momento resultaba peligroso conocer. De tales dichos, vertidos por un hombre de trayectoria política, resulta el reconocimiento de su temor, claro ejemplo el que sentía la ciudadanía en general. Bien pudo concurrir al juzgado federal para informarme de algo de tanta trascendencia, pero no lo hizo por ese temor común a toda la ciudadanía, obstáculo insalvable para develar delitos de esa especie, toda vez, que como es sabido, a los jueces les es muchas veces develarlos sin el acompañamiento decidido y verás de civiles, por aquella época ausentes.

De lo que antecede, de lo que tengo dicho, surge con claridad que la incorporación inicial de los elementos probatorios, que motivaron las imputaciones a los que luego se les atribuyó responsabilidad mediata en el secuestro del doctor Miguel Ragone, se debió a mi actividad como el juez de la causa, no pudiendo continuar con la investigación por imperio legal, debido a la enemistad con Grande. Vuelvo a destacar que en esos tiempos subsistía la presión por el enjuiciamiento de algunos militares, todavía no se habían sancionado las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, ni ocurrido el levantamiento Cara Pintada de Semana Santa y los que le sucedieron.

Lamenté tener que apartarme, pues se me presentaba la oportunidad de ahondar en la investigación del hecho delictivo y esclarecerlo, tal como le había expresado a la señora y al hijo del doctor Ragone, pero como se presentaron las cosas, era inevitable indagar a Grande como primera diligencia procesal. Mi manifiesta y pública enemistad, originada en un deleznable proceder suyo, como tengo dicho, me imponía excusarme de seguir interviniendo.

El doctor Aragone, después de citar a testimonial a Rodríguez, a Grande en su indagatoria y a… Requirió la investigación de los policías que estaban afectados en el juicio del tribunal oral. Se le contestó que no podían comparecer en el juicio por esos días, porque estaban sujetos al juicio Oral y que los ponían a disposición del Juzgado Federal, en calidad de detenidos, únicamente a Fortunato Saravia, porque Soraire estaba prófugo y los otros dos habían sido absueltos en un juicio que se había desarrollado anteriormente.

De las actuaciones de esos años, por la desaparición del doctor Miguel Ragone, no existe constancia alguna de que se hubieran recibido las citadas indagatorias ni a Saravia y muchos menos al otro que estaba prófugo. No hubo ninguna explicación al respecto. Pongo de resalto al doctor Alberto Oscar Aragone renunció a su cargo en 1989. En 1988 había estado unos meses de licencia por una beca en Costa Rica. Al renunciar Aragones, lo suplantó en el cargo de defensor, que era el que tenía a su cargo la causa Ragone, por mi excusación, el doctor Abel Cornejo, quien después fue juez federal en mi reemplazo. Eran muy pocos los legajos en los que actuaba como juez reemplazante y además necesariamente debió saber que el caso Ragone se encontraba en trámite, con el impulso de referencia, pues había actuado en ella como secretario.

Acá se quedaron con la citación de Soraire, Saravia, que eran importantes, Soraire como imputado del crimen, pero así como se citó a Grande, tampoco se citó a Gentil y con esos elementos, de los que surgía un indicio serio de la participación policial en la muerte de Ragone, bien pudieron citarlo al que había sido jefe de policía por entonces, que era Gentil.

Cuando se reanuda el proceso en el año 2004 y, como dije, el fiscal doctor Toranzos pide la incorporación de las actuaciones que habían estado a mi cargo, que se tengan dos cuerpos, destacando este hecho de Metán, que fue sustancial para la condena por autoría mediata, yo tengo para mí y aparte no había ningún inconveniente en que en los años 1986, con los elementos que yo había incorporado a la causa, se lo citara y se continuara con el juicio porque no le competían las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, ya que el hecho era del 11 de marzo y esas leyes eran a los hechos sucedidos a partir el 24 de marzo de 1976.

Está claro, también dije en el memorial que esa inacción de parte de quienes me reemplazaron en la causa cuando me excusé, hubiera permitido la prescripción de la causa de no imponerse el principio de imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad, consagrados por la legislación internacional. Está claro pues, el transcripto decreto 290, o sea aquel en el que yo requería los testimonios de Nolasco Rodríguez, que fueron el punto inicial de la investigación en esa dirección, que condujo a la participación Militar-Policial en el secuestro del doctor Ragone, no hubieran existido y fueron empleados para el procesamiento de los militares de Gentil, Menéndez, Mullhal, y el policía Guil, para que la Cámara confirmara las prisiones preventivas que les habían impuesto a ellos y finalmente para que el Tribunal Oral Federal N°1 en el juicio Ragone I se refiriera a los hechos de Metán, para sustentar la condena por autoría inmediata de los militares y policías.Leo lo que dijo el tribunal oral “Estos hechos comprobados, si bien no constituye prueba directa sobre los autores materiales del hecho, sí contienen una importante fuerza indiciaria en lo concerniente a los autores mediatos y la planificación desde el poder central y ejecución por parte de las fuerzas de seguridad, es que no cabe asignar otro sentido a lo dicho por Grande (a lo que yo vengo refiriendo) y por Guil. Entiéndase bien, no es al contenido de verdad a los dichos, sino a los dichos mismos, a los que cabe asignarles valor. Así no es posible afirmar que Soraire haya sido el autor del hecho, pero sí es posible tener que probado que tanto el ejército, como la policía en personas de alta jerarquía, en compromiso institucional asumieron como propio el hecho y tal circunstancia se obtiene por prueba directa. Queda así al desnudo la parcialidad y el sentimiento persecutorio que mueve a la acusación. Levantar una simple reflexión y sobre todo honestidad intelectual en la búsqueda objetiva de la verdad, para cumplir que mal pudo procurar la desaparición del rastro y las pruebas del ilícito y más con la finalidad de favorecer la impunidad, quien como yo cuando me fue posible, obré de la manera indicada.

No es posible atribuir una conducta de encubrimiento respecto de los autores del hecho, cuando fue el propio supuesto encubridor, en este caso yo, a quien acusan, quien encaminó la investigación que terminó con las condenas. Esto surge patente de lo actuado.

En el año 1986, a partir del ’86, bien pudo presentarse testigos al caso Ragone, no fue nadie, porque pudieron impulsarlo algunos, tampoco se impulsó. Sólo se presentó el hijo del doctor Ragone con el patrocinio del doctor Marcelo López Arias, que es un digno abogado y conocido defensor de las causas de derechos humanos ¿Por qué se presentaron? Porque se habían presentado al expediente las pruebas que se lograron a partir de mi actividad como juez, cuando lo cito a Rodrígrez, me refiere la actitud de Grande y tuvo después que cruzarme, por eso duele y extraña que en el requerimiento de aquel momento se haya disimulado esa actuación mía diciendo que después de tomar algunas declaraciones no le dan ninguna significación a lo por mí hecho, ni le siguen dando, cuando después de tomar una declaración me excusé, nada, un párrafo. Todo esto es lo que determinó que en alguna medida, si bien no se conocen fueron los autores materiales, se conoce quienes los mandaron y no es posible que se me impute ningún tipo de encubrimiento, porque si el encubridor marcó el rumbo del juicio que terminó con la condena, no es ningún encubridor. Es lo que yo hice, me aparté de la causa y quedó en vía muerta durante 18 años. Ahí no apareció, tampoco el testigo estrella Damián Mendoza, que dio 4 declaraciones en el expediente y en todas manifestó una confusión que hace suponer que no está en sus cabales.

Yo solo quiero decirles, como expresión final que nada tuve que ver con el crimen, ni con ningún encubrimiento. Me asiste la tranquilidad de mi conciencia y puedo decirles, señores jueces, que si tuviese la más mínima responsabilidad de encubrimiento, por mi conducta como juez de toda la vida, hubiese deshonrado a la justicia y ya estaría muerto de vergüenza. Si con la tranquilidad de que se tendrá en cuenta lo que yo expresé acabadamente y en detalle lo que yo expresé en ese memorial y me tranquiliza la conformidad que ha prestado el señor fiscal, es cuanto tengo que decir”.

Margarita Martinéz de Leal ratificó que nunca declaró ante el exmagistrado

Margarita Martínez de Leal es la testigo más importante del momento en que se secuestro y desapareció al ex Gobernador Miguel Ragone.

Margarita arrancó su testimonio diciendo que fue herida con arma de fuego y contó que “yo trabajaba en la empresa de vetel hermanos, entraba a las 8:00 de la mañana, ese día estaba sola, abrí la puerta de entrada que daba a la calle Del Milagro y me estaba preparando para comenzar mi jornada, porque era cajera.”

En eso que se preparaba la mujer dijo que “escuche un choque, un ruido muy fuerte, parecía un choque de autos, yo iba saliendo hacia la calle y antes de la salida había una puerta vaiven, cuando la cruce sentí como un empujón de costado y vi una persona me estaba apuntando con una ametralladora creo que ametralladora y vi que habían tres autos, de uno de los autos sacaron una persona y lo llevaron al otro coche y hasta ahí nomas vi porque el empujón me tiro hacía un costado y de ahí no me moví”

La señora de Leal tras esta primera parte remarco que se quedo ahí quieta y recién se volvió a levantar cuando escucho que los autos arrancaron, se acerco al vidrio y dijo “solo vi un zapato tirado, pero no salí a la calle, me fui al fondo, donde vivía el sereno del lugar para contarle y ahí recién sentí dolor en el hombro y no podía manejar el brazo, me di cuenta que estaba herida y tenía toda la ropa manchada de sangre”

Posteriormente Margarita relato que la señora que cuidaba la casa la llevo al médico del frente de la empresa, al verla el doctor la llevo un su auto al hospital. “Cuando pasamos por la esquina vi a Arredes, el almacenero, tirado en el piso y le pregunte al doctor ¿que paso? y me contesto que lo mataron a Arredes”

“Al llegar al hospital, me agarro un ataque de nervios, no me podía contener, me llevaron a una salita donde estaba sola, ahí me curaron, luego me llevaron a hacerme una radiografía y cuando salí me taparon toda entera, hasta la cara, mi marido se asusto y me dejaron en una sala junto al señor Arredes (ya fallecido) hasta la siete de la tarde, nadie fue a verme y solo estaba mi esposo” Luego de estar durante horas al lado del cuerpo Arredes, “me dijeron que me vaya a casa”

Ya en su casa la señora remarco que le pusieron custodia y que la misma fue durante un mes, que fue la policía pero no recuerda bien a que.

El fiscal le pregunto si la llamaron para tomarle declaración en la policía o en alguna dependencia o a lo que contesto contundentemente “No, nunca me llamaron, ni yo tampoco fui” ante las insistencia del fiscal la testigo subrayo que nunca declaro ni ante un juez.

Ante el requerimiento del abogado querellante ¿ el Juez Lona alguna vez se acerco a hablar con Ud.? la respuesta otra vez fue contundente, “no” ¿a su casa fue a hablar con Ud.? “No, que yo recuerde no”, si bien Lona había declarado que hablo con la señora de Leal, ella resalto que no, tal vez hablo con su esposo, pero que ella no recuerda.