Magia en Camp Nou | Salta Entre Líneas
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Magia en Camp Nou

Magia en Camp Nou

Las puertas del cónclave se cerraron cuando pasaban algunos minutos de las cinco de la tarde en Roma. Dos horas más tarde salía una humareda negra por la chimenea de la Capilla Sixtina anunciando que por el momento no había Papa. En cambio, en la misma noche, el Camp Nou sí localizó a su némesis. Le bastaron cuatro minutos. “Es diabólico” sentenció Massimiliano Allegri. Messi, rodeado de contrarios, por un hueco que no existía, envolvió el balón hacia el costado diestro de Abbiati, armó en un milisegundo y disparó al siguiente, permitió que hubiera partido, hizo de héroe. Pero esta vez no lo hizo solo. El equipo le acompañó desde el minuto uno en un giro de guión imprevisible que conducía a cuartos de final (4-0). De la peor versión posible a la mejor de ellas sin ningún síntoma previo. Sin avisar. Hubo truco seguro, pero indetectable. Fue magia.

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Antes de empezar el Barcelona ya se había desecho de uno de sus problemas. La alineación contenía nuevos incentivos, una táctica diferente, adecuada al escenario, no era la que mandaba la inercia. La defensa de tres con Mascherano, en detrimento de Puyol, para aprovechar su servicio en largo a Dani Alves, uno de los extremos abiertos. Pedro, amarrado a la cal, daba la máxima amplitud posible, con David Villa en el centro, su zona, ganando unos centímetros de oro para Messi. El equipo técnico, Jordi Roura, con el grado de responsabilidad desconocido de Tito Vilanova a distancia, le marcó un gol al Milan antes del comienzo, pero el planteamiento no servía de nada si los jugadores no cumplían. Obligados por la exigencia y atrevimiento del esquema, nada hubiera funcionado sin una competitividad extrema, ausente en las últimas citas, destacadísima en la noche de ayer. Antes de que Messi abriera la lata Sergio Busquets ya había dado las primeras señales de su inmensidad. Dos balones recuperados con mérito -acabó con 13 y ni una sola pérdida- empujando al equipo a un frenetismo devastador durante los primeros veinte minutos. Messi golpeó primero. Abbiati desviaba un tiro de Iniesta, brillante, al larguero. Alves tomaba la banda. El Barça volvía a ser el Barça.

El conjunto azulgrana solo perdió los papeles en una jugada, cuando en el minuto 40′ Piqué aguantó en el área la jugada posterior a un saque de esquina. Jordi Alba también se había sumado al ataque. Dos de los tres defensas disputaban el balón en el vértice del área contraria. Mientras, Mascherano restaba solo ante el peligro en el círculo central. El Milan trasladó el esférico rápidamente hacia esa zona y el argentino cometió un error, el único de su noche, también espléndida, llena de energía y anticipaciones, y concedió una oportunidad de oro al Milan. El joven de 18 años Niang, que había entrado en el once por la lesión de Pazzini, dispuso de un mano a mano con Víctor Valdés. Medio estadio ya se lamentaba cuando finalmente el balón se estrelló en el poste. A la otra mitad le llegaba el contragolpe de cara. Recuperación de Iniesta en campo contrario, una más, la presión ofensiva también había vuelto, le quitaba el balón de los pies de Ambrossini para dejárselo unos metros más adelante en los de Messi. Mexès aguanta. Abre las piernas. Por ahí. Sin perdón.

El Milan no perdió la compostura en ningún momento. Ni cuando debía guardar el resultado, ni cuando la eliminatoria estuvo empatada, ni después con la obligación de marcar un gol. Fue superado en cada una de las fases, pero se adaptó a lo que requería cada situación avanzando o retrocediendo líneas con buen sentido táctico. Sufrió atrás, como cualquiera lo habría hecho ante un Barça especial, y fue peligroso arriba, en el último cuarto de hora, cuando al Barça le pesó el esfuerzo de la primera mitad. Para entonces ya había marcado David Villa un gol emocionante, en la única que tuvo, para reconciliarse con el fútbol. En el Milan, Bojan adquiría un protagonismo importante en la elaboración del juego, ya metidos en el campo del Barcelona, a la épica italiana. Pero ahí Roura y derivados actuaron de nuevo con acierto. Se sacudieron otra vez las críticas, razonables hasta la fecha, sobre su poco intervencionismo. Los minutos de Alexis y Adriano tocaron la tecla necesaria. El chileno corrió como un poseso, como todos. Incluso Messi andaba exhausto, recuperando balones hasta el 91′, cuando se hizo con otro. Entonces apareció Jordi Alba, contenido toda la noche en el trío defensivo, bien cubierta su subida por Adriano, para pegarse los cien metros llanos en menos de diez segundos. Messi pasó a Alexis, este se lo sirvió en bandeja a Alba. El Camp Nou explotó de júbilo. El cuarto significaba la tranquilidad. Lo habían conseguido.

Anderlecht, Goteborg, Dinamo de Kiev y ahora Milan. La generación azulgrana actual ya tiene su remontada. Una noche mágica en el Camp Nou cuando el equipo estaba más tocado que nunca. Puede que un punto de inflexión para que los futbolistas vuelvan a creer en ellos mismos. Un punto de apoyo bestial para que continúe el liderazgo de Messi, más diablo que nunca.

Fuente: DDF