La detención de un protegido histórico | Salta Entre Líneas
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La detención de un protegido histórico

La detención de un protegido histórico

Por Mariano Arancibia.

Tras la caída de Reynaldo Delfín Castedo, nuevamente quedo de manifiesto la relación de sectores del PJ con el narcotráfico. Todos se hacen los distraídos de las relaciones políticas.

La noticia sobre la detención de Reynaldo Delfín Castedo resonó fuertemente en el país durante unos días solamente. Su caída ocupó las páginas de todos los diarios y fue presentada con cierta exageración y superficialidad. Ese es el único modo de calificar a la montaña de información al respecto: todos, incluso, la información oficial brindada por el ministerio de Seguridad, se esmeraron en destacar la detención de un gran “capo-narco-criminal”. La Nación, por ejemplo, llegó a titular: “atraparon al mayor proveedor de cocaína del país”. Así la imagen de su detención fue utilizada para alardear con un claro mensaje para la sociedad: el Estado avanza en la lucha contra el narcotráfico.

Castedo, si bien lejos está de ser un “chapo Guzmán” o  tan poderoso como un capo de los monos de Rosario, es un histórico narco del norte, conocido por comprar tierras en la frontera a través de testaferros o expulsar campesinos y abrir caminos por los cuales se estima que ingresaron toneladas de cocaína producidas en Bolivia.  Hasta hace 10 días atrás, estuvo casi una década prófugo de la justicia que lo investigaba por lo mismo que se investiga a los narcos más pesados: asociación ilícita, lavado de dinero, encubrimiento, tráfico de drogas y como se sabe, por ser el autor intelectual del crimen perpetrado contra Liliana Ledesma.

Es obvio que un tipo con este abultado prontuario, que se relacionaba con distribuidores de Europa, y que operaba desde por lo menos hace dos décadas en el insondable mundo narco, no pudo haber hecho lo que hizo sin protección política,  judicial y policial. Estas sabidas conexiones, absolutamente importantes, fueron mencionadas por encima por el periodismo pese a que el caso contiene una fuente inagotable de detalles para recrear periodísticamente la trama en este sentido.

Más bien, se produjo lo que suele ocurrir: una especie de confusión, por un lado, y una clara omisión, por el otro. Para esto, el papel de Patricia Bullrich fue esencial; la ministra declaró en Perfil que Ledesma murió luego de denunciar los vínculos del narcotráfico y el poder de Jujuy (si, Jujuy dijo). También fue importante, y evidente, el énfasis de El Tribuno (que solo publico una nota al respecto) en involucrar a Castedo con narcos de Italia alejando la atención de sus relaciones con personas de nuestra ciudad. Telam, por su parte, en una entrevista a Elida Romero (madre de Liliana) prefirió no titular con un fragmento donde la mujer acusa al ex gobernador de soborno. Como la información corre, luego de una semana, el impacto del hecho fue bajando hasta pasar casi al olvido.

Fue notable como se armó un difuso marasmo. Y era de esperar ésta intención de procurar desviar la atención respecto a la evidente protección que tenía desde el poder en Salta. Éste recaudo en el tratamiento no solo puso de manifiesto la talla del detenido sino también dejó claro que las mentes más lúcidas pronosticaban un posible peligro para aquellos que directa o indirectamente, eventualmente, podrían quedar pegados.

El porqué de tantas precauciones

La certeza sobre la protección que tuvo Castedo tiene serios respaldos y podría medirse en relación a los años que anduvo como si nada por el exterior, por su vida en Buenos Aires o por la impunidad con la que se movía en Salvador Mazza donde, según denuncian, continuaba visitando sus fincas celosamente custodiado por matones armados y por efectivos policiales.

Durante charlas entre entendidos, resulta ineludible mencionar a miembros del PJ, a jueces como Raúl Reynoso y otros tantos, cuando se busca explicar sobre la impunidad que gozaba él y sus socios. En relación a lo dicho al último, cabe recordar que el fiscal Diego Iglesias, confirmó que el nombre de Castedo aparece como uno de los primeros acusados en pagar dadivas al ex juez federal por hacerse el distraído en causas de narcotráfico que lo involucraban. En tanto, sobre lo primero, existe una gran acumulación de datos que robustecen la hipótesis de que hablamos de un hombre protegido y querido por sectores con peso en el Partido Justicialista salteño.

Para entender la historia, es necesario dimensionar la profunda relación que había entre Castedo y el difunto cacique del PJ de Salvador Mazza, Ernesto Aparicio. Hay fundadas pruebas, pero las escuchas telefónicas, que se conocieron años atrás, donde anticipaban el crimen de Ledesma, representan una prueba cabal de los sólidos vínculos que tenían y que se movían como auténticos mafiosos, tal como lo demostraron con las siete puñaladas aplicadas en clave mafiosa a la mujer que los delató públicamente. Esta manera de actuar estaba sostenida por una línea con el poder. La línea, era muy segura, fundamentalmente porque era parte del círculo cerrado del gobierno.

No es un secreto la íntima relación que había entre Aparicio y Juan Carlos Romero; fuentes off the record cuentan que “el gordo” era de los diputados que no preguntaban, al secretario de turno, si podía pasar al despacho del ex gobernador, el hombre pasaba nomas ya que era de suma confianza de Romero. De hecho, llegó a ser su asesor personal. Sus influencias no eran menores, eso está claro. Y su relación con Castedo muy conocida. Tal era la proyección política de Aparicio que estuvo a punto de ser el presidente de la Cámara de Diputados. El tipo no era un peronista más durante tiempos romeristas; un ejemplo ilustra la magnitud de lo señalado: luego de la denuncia de Liliana Ledesma, fue uno de los conspicuos políticos del PJ, quien a capa y espada lo defendió: Pablo Kosiner, actual Diputado Nacional, por entonces principal referente del bloque del PJ, el responsable de defender férreamente los fueros de Aparicio y bloquear, en acuerdo con el PRS, la creación de una comisión investigadora propuesta por el PO. En esa oportunidad quedó explicita una prueba palmaria de su protección: todo el arco político blindó su figura.

Para fines del 2013, Aparicio había sorteado caer detenido pero no pudo hacer lo mismo con su salud. Murió luego de una complicación generada tras una operación de cinturón gástrico, que se hizo para reducir de peso. Lógicamente, un día después, en la legislatura se volvió a pronunciar su nombre. Fue el histórico referente peronista Mariano San Millan, actual presidente de la comisión de Hacienda, quien realizó el correspondiente homenaje. En aquella sesión de noviembre, San Millan expreso el dolor de sus pares justicialistas señalando que Aparicio falleció “después de un mes muy duro” y que era necesario un “reconocimiento” por haber sido un “gran compañero de bancada”

A esta altura ya era muy conocido que Aparicio se valió de Romero y Castedo de Aparicio para operar sin problemas. Con el libro de Sergio Poma se pudo conocer reveladores detalles que despejaron la posibilidad de que todo fuera una corazonada o pura intuición pero cuando creíamos saber mucho, se sumó un nuevo episodio que volvió a colocar a la espectral figura del gordo en el centro. En febrero de este año, su apellido estuvo otra vez en la crónica policial, sin embargo, puso incomodo al mundo político; fue tras la detención de los narco-concejales de Salvador Mazza, electos en las listas del gobernador, quienes se encargaban de transportar cocaína en un camión, que casualmente, se encontraba a nombre de Ernesto Aparicio.

De la abundante información publicada luego de la detención de Castedo, resaltó el allanamiento a las fincas “El Pajeal” y “El Aybal”, ubicadas en Salvador Mazza, donde efectivos de Gendarmería secuestraron una escopeta, revólveres, un uniforme de Gendarmería y documentación. Pero el dato más significativo surgido de las pesquisas fue que la finca mencionada en primer lugar, pertenecía a Ernesto Aparicio y que fue administrada por Castedo, mientras que la segunda, en 2005, fue adquirida por Mario Yudi, señalado como testaferro del detenido. Esas confirmaciones salieron de escuchas telefónicas donde Castedo habla de un conflicto de desalojo en esta última finca, sobre las declaraciones de un testigo que aseguro ver que se sacaban camiones con droga y donde se lo nota preocupado con las revelaciones que podrían aparecer

Eso no es todo. Días atrás salieron a luz unas fotografías que son pura dinamita en las altas esferas del poder provincial, porque salpican a otro miembro del PJ. Nuevamente, como si la historia se repitiese, fue Poma, pero esta vez Agustín, quien publicó en saltaentrelineas, las imágenes. Se trata de unas fotografías donde aparecen reunidos en la Shell de frente a la terminal, Raúl y Delfín Castedo, Ernesto Aparicio y Pablo Outes, hoy presidente de la cooperadora Asistencial de la municipalidad capitalina. Las imágenes fueron tomadas en el 2006 (meses antes de la muerte de Ledesma) por efectivos de Gendarmería que investigaban la causa Carbón Blanco, la cual involucraba al abogado de Castedo, y según se pudo conocer, el mencionado encuentro continuó en una casa de barrio Lamadrid. Al ser consultado el actual funcionario de Saenz dijo que se trataba de una reunión oficial, que no sabía que estaba reunido con los Castedo y que se estaba realizando una utilización política e incluso se atrevió de mandar una carta a documento al periodista que las divulgó.

Las contundentes fotografías recientemente aparecidas, los sobrados elementos que dan cuenta de los fluidos lazos del PJ con los Castedo, y la brutal muerte de Ledesma son tan contundentes como para creer posible esto. Eso es cierto, sin embargo son parte real de esta historia.

Hasta ahora es imposible asegurar que Outes formaba parte del clan narco, pero si se puede decir que sus dichos son poco claros y que cae en imprecisiones absurdas: dice que se reunía oficialmente en una estación de servicios, dice que era diputado cuando se confirmó que cumplía funciones para esa fecha en el Ente Regulador de los Servicios Públicos, increíblemente no conocía a los Castedo (¡!) y se encontraba sentado con ellos hablando de cuestiones “oficiales” por más de dos horas. Sus dichos se encuentran llenos de lados pocos claros. Evidentemente, calla más de lo que dice, y lo que dice resulta inverosímil.

Está claro que la caída de Castedo no significa que se haya dado un golpe al narcotráfico como se esmeró en mostrar Bullrich y gran parte de la prensa. En un tema tan delicado como lo es el narcotráfico no es inocente que se dejen de lados las relaciones con la política. Ni Urtubey, actual presidente del PJ salteño, ni sus funcionarios se atrevieron todavía a mencionar el tema.

Es que el actual elenco de gobierno conoce mucho sobre esta historia.