Ellos están de vuelta | Salta Entre Líneas
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Ellos están de vuelta

Ellos están de vuelta

por Daniel Tort

Corría el mes de marzo de 1.976 y el dictador Jorge Rafael Videla nos anunciaba que para restaurar el orden en la Argentina llegaban ellos con el consentimiento tácito de la población.

Mientras eso se escuchaba, se decretaba el estado de sitio, se suspendían las garantías constitucionales, se desaparecía a personas y se secuestraba niños, se robaba, violaba, torturaba y asesinaba… todo con esa “aceptación tácita” nuestra, obtenida a punta de fusil y tanques de guerra en las calles.

Ese desquicio de recuperación del orden–eufemismo para justificar el genocidio y la violencia extrema- no fue por puro gusto nomás, sino para implementar un plan económico de endeudamiento y dependencia, en una sociedad estatal en desventaja con el FMI.

Fue el ingreso a la bajeza de la subordinación a la usura internacional -para regocijo de los panzones de la sociedad rural-, la bicicleta financiera, el enriquecimiento de unos pocos industriales e importadores y la frustración de un proyecto popular.

Ellos, en ese entonces, ensayaron con nosotros la apertura de las importaciones chinas, la destrucción de la poca industria nacional, la pérdida de empleos, la inflación desenfrenada y la toma de deuda externa e interna indiscriminada.

Ellos se dedicaron a los negocios en su propio beneficio y en el de los empresarios cómplices, que llegaron a entregar las listas de los dirigentes gremiales para ser tirados al Río de la Plata.

Por aquellos tiempos, la estrategia imperial eran los golpes castrenses, utilizando a los militares sin cabeza para la barbarie, que bajo la invocación de la defensa de la soberanía nacional, decían combatir a los subversivos mientras subvertían la economía para el saqueo y la traición solapada a la argentinidad.

Hoy, con diferencia de matices, la historia se repite y la volvemos a sufrir nosotros, no con un Plan Cóndor, ni con asonadas carapintadas, sino con estrategias nuevas, pero igualmente eficaces. Se trata de las llamadas guerras de cuarta y quinta generación, implementadas desde los años noventa bajo el apogeo de las relaciones carnales de otro traidor y la entrega indiscriminada del país mediante la continuidad de planes neoliberales.

En la actualidad, ellos prescindieron de los uniformes y se volcaron de lleno al uso de la neurolingüística y la novísima vertiente de la neuropolítica, inundando los medios masivos de comunicación que les pertenecen, para una dominación pasiva de nosotros, con armas más poderosas que los fusiles y los centros clandestinos de detención.

Ahora, ellos vierten sobre nosotros mares de desinformación en las pantallas bobas que nos hacen consumir a diario los más disparatados argumentos. Me viene a la memoria la escena de las topadoras cavando en la Patagonia para buscar cajas fuertes. ¿Alguien se acuerda hoy de semejante circo?

Ellos, que siempre controlaron los resortes de la economía y conspiraron contra todo proyecto popular, tienen la vaca atada, la sartén y el mango de la sartén.

Porque ahora ellos, además de seguir siendo dueños como miembros del establishment económico de las decisiones que nos postergan a todos nosotros, lo hacen desde las instituciones del Estado, y por decisión democrática.

Les hemos dado a ellos, increíblemente, la posibilidad de decirnos que los negocios, el endeudamiento, el pago a los fondos buitres, la inflación, los despidos, la recesión, las empresas off shore del presidente, el aumento de tarifas, los techos paritarios y el festival de bonos especulativos para los financistas ricos – que cada vez son más ricos- es por decisión nuestra.

Y nosotros, más increíblemente todavía, nos quedamos callados, les damos a ellos bajo la superstición de la democracia liberal el consentimiento tácito que, antes por las armas, ahora se consigue con los montajes periodísticos.

Ellos piensan seguir haciendo de las suyas como siempre lo hicieron a la sombra de las dictaduras militares, con el brillante método de habernos hecho creer a nosotros que todo es exclusivamente culpa de una mala herencia y no de los nefastos mecanismos y resortes elitistas que esa minoría privilegiada sigue manejando.

Hoy, con otras puestas en escena, curiosamente, la familia judicial procesa dos días antes de la feria porteña a cuanto funcionario de la gestión anterior se les venga a la mente, tengan o no tengan seriedad de fundamentos.

Y esos mismos medios cómplices no dicen una palabra de la cincuentena de actuales personajes del oficialismo también procesados, entre ellos, nada menos que el presidente Macri, la vicepresidenta Michetti y el jefe de gabinete Marcos Peña.

Lo importante es que nosotros digiramos sin masticar que la corrupción de los otros es el mal y no la corrupción de ellos, como si hubiera una distinción entre corruptos buenos y corruptos malos.

Y todo casualmente –o causalmente- en vísperas de elecciones primarias con miras a los posteriores sufragios de octubre, especulando abiertamente con otros escenarios para sembrar el miedo y decir que no hay que volver atrás, que hay que mirar para adelante, sin que nos demos cuenta que en ese lugar puede estar el abismo.

Y si no nos despertamos de este letargo, ellos terminarán por hacernos creer que adelante está el progreso y que atrás está el suicidio (Marcos Peña dixit), que todo proyecto popular –que ellos nos espetan como populista- es malo y que del esfuerzo de todos se logrará el progreso.

De todos, pero con ellos arriba del carro y nosotros empujando abajo; con ellos exhibiendo obscenamente el papel de ventajistas de la elite empachada de privilegios y nosotros en el llano esperando el imposible y eternamente ausente derrame de la fiesta liberal.

Todo plan macabro como éste, por simple verificación histórica, no cierra su ecuación posible sino es con un plan alternativo de contingencia ante la reacción esperable de los postergados y excluidos, que ellos no dudarán en reprimir una y otra vez, como ha ocurrido esta semana.

Basta con comprobar que ellos, sabiendo la posibilidad de que tengan que enfrentarse con nosotros, en vez de comprar bienes para la inclusión social de la gente, amplían las plantas policiales, le devuelven a las fuerzas armadas facultades de intervención y compran más patrulleros.

En el año 1.958, y ante la impotencia de ver que ellos volvían al abuso del poder en la Argentina, el inmenso Raúl Scalabrini Ortiz, al borde de la muerte con una enfermedad terminal, nos reclamaba a todos nosotros que había que resistir, y después empezar de nuevo.

Hoy, que ellos –exactamente los mismos de entonces: la Sociedad Rural, el FMI, los empresarios dueños de la obra pública, los especuladores financieros, los oportunistas de la libre importación, los privatizadores de las empresas del Estado- están de nuevo en el poder, la historia se repite.

Y la salida seguirá siendo siempre la misma: oponer una organización y una resistencia eficaz que logre acabar con el mito del orden y la seriedad, que ellos han fundado sobre el desorden y el saqueo de las cuentas públicas, con sus risas en la oscuridad de sus madrigueras.

Está en nosotros esa tarea. Hay que despertar y comprender, más temprano que tarde, que con todos los defectos, y con la inocultable corrupción de algunos, cualquier proyecto nacional y popular es preferible y mejor para nosotros, antes que seguir consintiendo la insostenible perversión de ellos, de la elite oligárquica dueña del país.

Como decía Scalabrini Ortiz, ahora que ellos han vuelto, nosotros tendremos que organizarnos, resistir y, una vez vencedores del escarnio, empezar todo de nuevo.