El virus sos vos | Salta Entre Líneas
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El virus sos vos

El virus sos vos

Por Marcelo Butierrez

 

“A la embichada esa ni loco la agrego al grupo de WhatsApp!” Casi no podía creer cuando leí semejante pavada entre las conversaciones de mi novio con un pendejo boludo que planeaba armar un grupo para hacer amistades entre gays. Lo más curioso fue saber que cuando el pendejo hablaba de “la embichada” se referían a mi ex, y más gracioso aún era saber que el pendejo era nada menos que el ex de mi ex. Si el mundo es un pañuelo, Salta es la parte más roñosa y llena de mocos.  Y llena de bichos, si vamos al caso.

A vos te digo, pendejo: más embichado estas vos. Tu cabeza esta carcomida de prejuicios, de lugares comunes y de la misma mierda que sale de tu boca. Y de los montones de mensajes basura que la escuela, tus amigos y la cultura te meten día a día como una droga experimental que sólo te deforma y te vuelve parte del problema y ahora el virus sos vos. Además, estúpido, que tiene que ver el WhatsApp con el VIH, que pensás que se te va a pegar el bicho por chatear en un celular, descerebrada!!!

Creo que ni con una columna diaria podría compendiar las idioteces de la gente y los mitos sobre la transmisión del virus. Mi dentista, por ejemplo, que me da el último turno del día, según él porque después de atenderme tiene que esterilizar todo (según parece a los demás sidosos no confesos los atiende así nomas, sin esterilizar nada luego). La estúpida de mi ex cuñada, que un buen día dejo de comer lo que yo cocinaba. Los padres de mi ex, que no tocaban un vaso o un cubierto si ya lo había usado alguno de nosotros. Ese enfermero de la guardia del San Bernardo que no hacía más que exclamar: “no sé porque tengo que atender a este paciente, está molestando aquí, este paciente tiene que ir al Milagro, no pertenece aquí” cuando un amigo mío se fue a hacer atender por una fractura chota. Los compañeros de trabajo (importante supermercado mayorista) de mi otro amigo que dejaron de almorzar con él, cuando los necios de la gerencia empezaron a divulgar su diagnóstico positivo. Y mil historias más, una más demencial que la anterior.

¿Qué nos pasa? No podemos entender todavía que este virus, el VIH, no se transmite así, por el aire, en un beso, en una taza de café. O sea, podemos comprender todos los detalles de la vida privada de Jorge Rial y las internas del plantel de Boca, pero no nos entra en la cabeza que cuando discriminamos a alguien con VIH lo estamos matando! Porque la realidad es esa: la discriminación mata. Aleja a las personas del sistema de salud, del mercado laboral, de la escuela, de las iglesias, de las familias, de los amigos, en fin de todas partes. Algunos con más actitud y desenfado como yo nos ponemos a escribir una columna sobre VIH y no nos importa firmar con nombre y apellido, pero otros van al hospital con lentes oscuros y gorra porque temen cruzarse a alguien y que les pongan el titulo “embichado” en la frente.

¡Qué mierda! ¡Quién se siente tan importante como para juzgar a los demás por su condición de salud! Porque si yo tuviera cáncer me lloverían los consuelos, me traería flores a mi casa y me llamarían hasta mis compañeros de la primaria para preguntarme como estoy y en que pueden ayudarme. Pero como lo que tengo es VIH entonces sobre mi nombre y apellido pesarán los adjetivos promiscuo, puto, sucio, fiestero, degenerado, gato, sidoso, drogón y el peor de todos: enfermo. Y el único enfermo aquí, sos vos. Sí… vos.