Amos, siervos, libertos y otras yerbas | Salta Entre Líneas
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Amos, siervos, libertos y otras yerbas

Amos, siervos, libertos y otras yerbas

Daniel Tor

 

Por Daniel Tort

 

 

La palabra “amo” tiene en sus cuatro primeras acepciones una clara concepción indicativa de sumisión, subordinación, dependencia y  hasta de propiedad. Así,  en primer lugar se interpreta a la persona dueña de algo,  por ejemplo “el amo del perro”; en segunda acepción se entiende a la persona que  posee criados: “los amos compraban y vendían a sus esclavos”. En tercer lugar se entiende como tal al mayoral o capataz: “el amo de la finca” y, finalmente,  en cuarto lugar la acepción refiere a la persona que  predomina sobre otros, o en algo,  por ejemplo es “el amo de la situación”.

 

En el curso de esta semana el exgobernador Juan Carlos Romero fue entrevistado en la radio FM Profesional,  en la frecuencia del 89,9,  por el periodista Martín Grande, y al ser consultado sobre porqué sus exfuncionarios eran hoy tan críticos con su gestión y su persona, el candidato espetó –literalmente-:”Es natural, tienen que quedar bien con el nuevo amo”.

 

Esa confesión expresa surgida del convencimiento íntimo de una condición de superioridad por parte del entrevistado, lo pinta de cuerpo entero como una persona irremediablemente improvisada, y carente de atributos intelectuales, porque una cosa es tener para sí la creencia de ser amo de los demás y otra es decirlo a boca de jarro,  para mostrarse inconvenientemente en esa faceta en vísperas preelectorales.

 

Pero también, definitivamente,  exhibe que está acostumbrado a rodearse de un grupo de profesionales de la política, a los que ha conocido atados en su mediocridad al presupuesto del Estado, sin oficio, arte o profesión por cuenta propia conocida  y, como tales,  dispuestos a  servir –literalmente- incondicionalmente para preservar sus  miserables puestitos, hoy a un amo y mañana a otro.

 

En su momento (septiembre de 2009),  el actual gobernador Juan Manuel Urtubey, por su parte, calificó a ese mismo grupo de presupuestarios que rotaban antes y rotan ahora en cualquier puesto o cargo sin ser  calificados para ninguno en particular –lo que se conoce como especialistas en generalidades- como “libertos”,  porque según su apreciación esos sujetos habían roto el cordón umbilical con Romero.

 

Es decir que ambos, tanto el anterior gobernador como el actual,  han moldeado la idea concreta de ser auténticos amos, y como tales se manejan. En el entorno de esa soberbia individualista y con total desprecio por sus siervos y vasallos, uno los acusa de haber orientado sus respectivas lealtades al nuevo mandamás para quedar bien y el otro imagina que en su infinita magnanimidad les ha concedido el nuevo estatus de libertos.

 

Toda esta secuencia de actuaciones impresentables sería un  sainete   digno de ser llevado a las tablas, si no fuera un drama que nos debe hacer preocupar e  inmediatamente ocupar -en ese orden- para cambiar esa estructura que nos degrada como ciudadanos, nos oprime cada vez más como contribuyentes para poder mantener esa estructura servil, y que solamente  les resulta funcional a  los que medran en los barros de la baja política para repartirse como carroñeros los negocios del poder.

 

De pegatineros y redoblantes en los actos armados para aplaudir cualquier burrada, pasan a cargos inestables como ñoquis de legisladores y funcionarios que los usan para dibujar con sus nombres prestados los sobresueldos que perciben cada mes; luego saltan a alguna candidatura de relleno hasta que alcanzan alguna real; si les va mal en la elección los nombran en cargos políticos, y cuando no existe el cargo se lo crean para poder designarlo, y así van pasando de cargo en cargo, de intrascendencia en intrascendencia, sin rendir cuentas nunca a nadie, y pegados a cualquier segmento del presupuesto con tal de tener un ingreso, del que son absolutamente incapaces de generarse en la actividad privada.

 

Ellos necesitan del poder de sus amos y éstos los necesitan para la ficción de gobierno; los primeros viven sin zozobra y sin preocuparse en gestar una ocupación legítima y los mandamases de turno  los mantienen como tropa obediente para que cualquier puesto les quede bien, y oficien de zoquetes con una subordinación sin objeciones. Atados a su condición de presupuestarios van de siervos a libertos, ignorando el significado de la dignidad y el valor del trabajo.

 

De esa forma se entiende que dos  personajes claramente actuados como gobernadores puedan manejarse como amos, por la vileza de los que desde abajo aplauden con sucesivas lealtades primero a uno y luego a otro,  -existiendo la posibilidad hoy por hoy de que en un futuro próximo tengan que volver a aplaudir al primero- porque la calidad de asalariados de upa los mantiene cautivos.

 

Y después  estos profesionales de la mediocridad obediente, resumen sus tibias y opacadas gestiones cumplidas en todos esos puestos prescindibles, detallando con el ampuloso nombre de curriculum vitae una trayectoria falsa,  que solamente sirve para justificar la nueva función que le acaban de inventar, retroalimentándose en una misma inutilidad para seguir sirviendo al señor de turno.

 

Comprobando que ninguno de ellos alzó queja alguna, tanto cuando fueron llamados libertos como ahora que se los alude como genuflexos al nuevo amo, se entiende la impunidad de los dos imprudentes mandatarios, que crece y se perfecciona de manera inversamente proporcional a la falta de dignidad de sus vasallos.